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Aurora Vigil-Escalera. Juan Ugalde, "World as a stage", en Galería Aurora Vigil-Escalera.

banderines-65x50cm

Inauguración: Viernes 8 de Mayo a las 20:00 horas. Hasta el 21 de Junio.

Galería Aurora Vigil-Escalera: Capua, 21, Gijo?n, 33202, Asturias.

Una curiosa instalación de dibujos enmarcados y colgados en forma de árbol enraizado en la propia vida, una escultura, un video y varias pinturas de Juan Ugalde configuran esta segunda exposición individual que organiza Aurora Vigil-Escalera en su nueva galería, donde ya presentado también varias muestras colectivas. Una apuesta fuerte de la sala gijonesa para esta primavera asturiana, de la mano de un autor comprometido y comprometedor que lleva cuatro décadas trabajando en ámbitos interdisciplinares y mantiene un feliz pulso entre la ilusión de sus comienzos y la energía adquirida en el camino hacia la madurez.

Ugalde llega a Gijón con esa veteranía contrastada, explorando de nuevo el mundo como un escenario abierto a experiencias múltiples (“World as a stage” es el shakesperiano título elegido para la exposición) y mantiene su frenética espontaneidad para explorar noticias, instantes, sucesos públicos o íntimos que conservan el interés de Ugalde por el medio publicitario, fundamental en sus años del colectivo Estrujenbank, incorporando textos propios y ajenos, lecturas, fragmentos de canciones, palabras en idiomas diversos y mensajes subliminares (priman el español y el alemán por motivos obvios, no en vano, Ugalde alterna residencia entre el paisaje madrileño de El Escorial y la Prenzlauer Berg de Berlín), y retales de viajes, y sinfonías de grandes ciudades y sintonías urbanas bajo una mirada analítica que controla felizmente, con esa saludable obsesión de quien se divierte trabajando. Late en sus obras el espíritu de aquellas series de pinturas sobre soporte fotográfico, con ampliaciones en blanco y negro y collages, que dominaron sus laureados trabajos en la segunda mitad de los noventa; quizás también los ecos de su reciente exposición madrileña donde, tras una década inmerso en proyectos pictóricos, regresó a la fotografía para tomarle el pulso a la sociedad actual con superposición de negativos, palabras serigrafiadas y composiciones simbólicas inspiradas en el eterno regreso a la juventud no perdida, la pasión por lo desconocido, el trasfondo onírico y su lúdico posicionamiento creativo. Ugalde, otra vez, subraya que debemos conectar «todo con todo», recordando a El Bosco, pasando por la literatura de Salinger, la música de Zappa, el arte asiático, las llanuras manchegas o los deseos de canturrear mientras ejerce una suerte de ritual con los materiales y soportes que maneja diariamente en sus talleres.

Suele afirmar el artista bilbaíno que lo mejor del arte es ese irracional escalofrío que fluye, con suerte, frente a la pintura, donde las referencias no dependen tanto de la cronología como de ese terremoto emotivo que provocan de vez en cuando, esa sensibilidad que nos permite trascender, lejos de amaneramientos banales, y admirar primero a Millares y luego a Velázquez, o viceversa; a Brueghel y a Picasso, a Seurat y Bellini, rindiendo pleitesía al arte egipcio o a la dinastía Tang; la belleza como manifestación sensible de la idea, al margen de historicismos o dogmas diversos. Sabe que vivimos acuciados por esa pulsión de escape frente a la asfixia de la vida moderna, luchando por hacer tangible lo intangible, y ha organizado la exposición como un tableau vivant donde la dimensión teatral y la reconfiguración de los escenarios se nutren de elementos fragmentarios, evitando encasillamientos y tomando posiciones transversales para impedir que los nexos sean verticales o descendentes, o mera imposición visual. Prefiere dejar pistas al espectador, tapando y tapiando, vistiendo y desnudando sus curiosas dicotomías entre lo que se advierte y lo que se intuye. Tal como el chamán de los pueblos primitivos esperaba subyugar aquellos fenómenos que escapaban a su influencia, por medio de fenómenos metafísicamente idénticos que él mismo creaba para situarlos en su esfera de actividad, Ugalde emplea aquí trazos, formas, firmas, lances y gestos que acaso curen las heridas o generen un alto poder de concentración, fruto de su largo entrenamiento solo o en compañía de otros para buscar esa realidad anímica que, independiente de las limitaciones del espacio y del tiempo, nos ponga en contacto con las realidades suprasensibles de las cosas para resolver, o simplemente suponer, un porvenir posible.