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Daniel R. Martín presenta sus nuevas piezas en SIBONEY

Galería Siboney

DANIEL R. MARTIN

Cuando nada tiene explicación

EXPOSICIÓN: DEL 29 DE ENERO AL 7 DE MARZO DE 2021

 

 

En su regreso a la galeria santanderina Siboney reúne sus nuevos trabajos en una propuesta presidida por un curioso y significativo epígrafe ”Cuando nada tiene explicación todo tiene sentido”. Daniel R. Martín (Santander, 1966) con esta proclama subraya que esta exposición es el fruto de dos reclusiones y que los trabajos han sido abordados casi en su totalidad en estas condiciones.

Siboney, su galería de referencia desde hace veintitantos años, y es en la que presentó su primera serie escultórica en el marco de un singular proyecto junto a Leire Ormaeche y Jorge Fernández Bolado (“Entretalleres”, 1995), una muestra a la que le seguirían varias exposiciones individuales, “Celdas y Laberintos” en 2000; “Esencia de vida” en 2006, “Vidas paralelas” en 2015, y “Aedificare hortis” en 2018. Artista vinculado desde entonces al proyecto Siboney, su trabajo ha discurrido por museos, galerías y ferias.

Una de sus piezas públicas más reseñables, “Esencia Procera”, -una pieza que ejemplifica los ciclos de la vida, a través de la "profunda carga simbólica de una naturaleza simplificada casi objetualizada y enmascarada bajo el artificio de la pintura"-, puede verse desde 2017 en el hall del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (HUMV) en uno de los principales espacios de circulación del hospital, que con el devenir de los años, se va convirtiendo en una suerte de galería de arte.

Daniel R. Martín en estos años de dedicación a la escultura, ha sembrado los territorios diversos, áridos o propicios a la innovación, de un lenguaje personal y poético, propio de un certero francotirador que parapetado en un estudio, permanece fiel al utillaje inherente a la escultura en hierro, y con el que planteó en sus inicios, formulaciones heredadas de sus maestros (Susana Solano o Sergi Aguilar, que sin duda constituyeron una referencia clave en sus trabajos de los noventa) que contrasta sobre manera con la delicadeza que emana de la poética de su particular obra.  

En la presente cita, en las paredes, y junto a esculturas de suelo, esculturas en peanas y esculturas de pared, se presentan una serie de piezas, pinturas sobre papel, realizadas con una técnica muy personal, al encontrarse encerradas bajo una serie de capas de resina, con las que el autor juega con la transparencia y cualidad traslúcida del poliéster. La representación tiene tanta importancia como la materia viva que  solidifica la obra.

Durante todos estos años ha mantenido su taller, -su espacio vital-, en Soto de la Marina, que es como señalaría certeramente Guillermo Balbona en un escrito con motivo de su participación en la muestra organizada por el Museo de Bellas Artes de Santander, El Puente de la Visión en 2011, “un apéndice natural de su labor cotidiana”. Un lugar en el que el caos ampara la búsqueda formal y acompaña sus creaciones.

Más adelante, señala en el mismo texto, “En ese terreno industrial donde se funden herramientas, materiales e ideas, despeja dudas y miedos… La naturaleza, lo primigenio y primitivo son sus territorios naturales. Desde la fragilidad, levedad y diversidad de materiales, del poliéster al hierro patinado y la resina, ha construido su mundo delicado. La misma paciente mirada que desprende su obra asoma tras este antiguo taller metalúrgico. Su búsqueda iniciática permanente, siempre traza un cruce de caminos entre el ciclo de la vida y el proceso creativo. La metáfora industrial y artesanal en primer término. La naturaleza al fondo”.

 

CUANDO NADA TIENE EXPLICACIÓN TODO TIENE SENTIDO

 

            Es curioso, el trabajo presentado en esta exposición lo he desarrollado casi en su totalidad durante dos reclusiones. La primera fue de tipo personal, debida a una lesión que me mantuvo encerrado en casa unos meses, aprovechando la ocasión para centrarme en el dibujo, tenía algo de lo que no dispongo habitualmente… tiempo; Eso me permitió dibujar sin prisa, deleitarme en la línea, rechazar, corregir e insistir en la búsqueda de plasmar los hilos conductores de futuras obras.

            La segunda reclusión ha sido colectiva y mucho más dolorosa.

            El hecho afortunado de tener un pequeño jardín y taller en casa me ha permitido refugiarme en mi labor artística, dar forma tridimensional a los dibujos realizados durante mi primera “reclusión“ y realizar otros que han tenido su posterior desarrollo en hierro. Mi caso no es un caso aislado, casi todos los artistas con los que he hablado han buscado refugio y consuelo en su arte, se han volcado en el desarrollo de su obra sin tener muy claro cuál iba a ser el futuro de esta y como casi siempre han intentado entender y explicar el mundo entre las paredes de sus talleres.

            Refugiarme en el jardín, -que ha tenido su primavera más atendida y bonita en mucho tiempo- y en el taller, no significa que me haya aislado de las noticias y actitudes que he podido ver durante este tiempo. Creo que poco a poco lo que ha ido pasando ha hecho mella en mi obra de una forma bastante notable. Los periodos de observación en la naturaleza y su posterior recreación en el taller, si bien han sido largos y fructíferos, no se han traducido en obras excesivas y recargadas, ciertamente creo que mis obras han ganado en desnudez, se han despojado de lo “innecesario”, volviéndose en algunos casos incluso sombrías, recordándome a piezas que hice hace años. Obras muy trabajadas, pero desprovistas de todo artificio.

Recuerdo una frase que recogió Guillermo Balbona hablando sobre mí, que decía que “el Taller es ese lugar donde todo tiene sentido y explicación”… incluso cuando nada tiene explicación.

 

Daniel R. Martín