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Gema LLamazares. Hugo O´Donnell en la Galería Gema LLamazares:Pérdidas, deseos y secretos

Del 5 de Mayo hasta el 4 de Junio del 2011.

COSAS QUE SUCEDEN CUANDO LAS MIRADAS DEL ARTE DEL PASADO DIALOGAN CON

IMÁGENES DE LA ABSTRACCION.

Sobre Hugo O´’Donnell recuerdo haber escrito que posee una notable capacidad para conciliar e integrar en su pintura diferentes conceptos, tendencias o elementos formales, armoniosamente conjugados en personales propuestas artísticas: la geometría y el gesto, lo constructivo y lo expresivo, el dibujo y el color, el espacio como totalidad o en fragmentación… poniendo siempre buen cuidado en el manejo de los distintos componentes de la composición. Si lo recuerdo ahora es porque todo eso es de recibo, y con la mayor propiedad, referido a la muy interesante y en cierta medida intrigante exposición que podemos ver ahora, que tampoco carece de connotaciones románticas.

Porque esta obra actual de Hugo O´’Donnell tiene su origen en las sensaciones de una experiencia estética: la contemplación de las miradas de determinados personajes pintados por maestros de la pintura a lo largo de la historia: Rafael, Van Eyck, Vermeer, Van Gogh… en museos o reproducciones artísticas. Una contemplación que fue creciendo en intensidad hasta convertirse casi en una obsesión, cautivado el ánimo del artista por el poder emocional de esas miradas.

Quizá sea cierto aquello que Plotino escribió ya en el siglo III d.c. , de que el arte es algo que el alma reconoce como si lo conociese de antiguo e, identificándolo, forma unión con ello. El caso es que O’´Donnell llegó a identificarse de tal modo con las miradas del arte del pasado que pronto experimentó el gozo y la necesidad de reproducirlas, así que las pintó a la manera de sus creadores y en su homenaje, procurando ser fiel a la expresión de su ser. Pero no se detuvo ahí, porque sucedió que en la “excitación interpretativa” de esa experiencia plástica, poética, y algo mística, se produjo el desencadenante de una nueva y peculiar práctica artística que se concreta en la presente obra.

Dado que la apropiación es práctica tradicional, antigua y muy frecuentada en el arte, se apropió de estas miradas, no sólo espiritualmente, como motivo de inspiración, origen de la “petite sensation” que ilumina la obra, sino para integrarlas también físicamente en la articulación formal de las estructuras plásticas que vemos ahora, en diálogo con su propia obra.

Así que durante mucho tiempo contempla el pintor, una y otra vez, las miradas de otros que luego también él ha pintado, conversa con ellas y las interroga sobre qué les gustaría mirar de su pintura abstracta. Es fácil que haya podido tener fantasías en relación con éste diálogo secreto, esa subjetividad que sí podríamos entender romántica, y quizá algo así admite cuando llamó a la exposición de algunas de estas pinturas, en La Caridad, “Los pequeños secretos”. ¿Cuánto tiempo pasó Hugo O’´Donnell mirando las miradas?... tantas horas contemplando las piezas de su puzzle plástico y sentimental, cambiándolas o modificando su emplazamiento, pensando cuales de entre sus pinturas convienen mejor a las miradas, las complementan, con cuales se sienten más a gusto.

Hasta que, finalmente, percibe una relación, una comunicación que da sentido al misterio que invoca. La obra está terminada. Hugo O´’Donnell introduce con estas pinturas un nuevo orden de realidad en la obra. Esas miradas de los maestros del pasado, aunque sean físicamente iguales que cuando fueron creadas, ya no existen como tales, no son las mismas; y eso no sólo porque hayan sido reproducidas sino sobre todo porque su naturaleza ha cambiado, miran otras cosas, viven otra vida, ahora existen solo como parte de un cuadro del pintor moderno. Uno de los sugestivos misterios de la pintura.

Terminado el proceso de ideación, Hugo se pone a la tarea de materializar la obra en composiciones irregulares, asimétricas pero finalmente admirablemente armonizadas las distintas piezas de este seductor tablero en cuya reflexión constructiva seguramente tuvo tiempo para pensar en Mondrian, o en Frank Stella y los abstratos “sin forma” o en Wofflin, cuando aseguraba que todas las imágenes deben más a otras imágenes que a la naturaleza. Y el resultado de todo ello son estas pinturas tan hermosas, galería de ecos de miradas que sugieren mucho más de lo que representan y en las que la convivencia entre lo abstracto y lo figurativo es tan perfecta que si, después de mirar cualquiera de ellas durante un momento, hiciéramos el ejercicio de prescindir mentalmente de uno de los factores de ese binomio no soportaríamos seguir contemplándola.

Rubén Suárez

Gema Llamazares Galería de Arte

Instituto 23

Gijón