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Gema LLamazares. Mequiades Álvarez en la Galería Gema LLamazares: Celosias del Invierno

Hasta el 30 de junio de 2012.

Sobre el cielo gris luminoso del invierno se yerguen las sinuosas ramas de los árboles que entretejen una celosía, un filtro del aire frío de marzo y de la luz incierta.

Más que superpuestas al cielo, las ramas parecen horadadas marcas en el cielo, líneas excavadas, rayadas. Surcos que dejasen ver la otra cara de esta claridad celeste; fisuras hacia la eterna oscuridad del otro lado.

En los meses de Mayo a Julio de 1890 Vincent Van Gogh deambuló ansioso por estos campos, por los caminos del pueblo de Auvers-sur-Oise. Trabajó ilusionado, vehemente, como acuciado por una fuerza expresiva que, al tiempo, volcaba tambien en sus cartas. Temía una recaída depresiva. Trabajaba todo el dia .

Tengo la cabeza llena de música. Por momentos parece que estuviese hueca para así actuar mejor como caja de resonancia. En esos momentos no hay en ella más que músicas. Músicas recordadas, músicas calladas, músicas reinterpretadas, músicas inacallables.

Los instrumentos de cuerda son como cuerpos de madera que hablan desde su caja de resonancia y lo hacen aflorando sutiles palabras musicales a través de delicadas celosías como tatuajes de la madera. Desde esa oscuridad hablan, dicen su música.

He estado trabajando la madera, horadando trazos, tallando y serrando parte enteras. Por ahí persigo las resonancias de los momentos sutiles que ya no son pero aún resuenan. Todo lo que nos es querido e importante vuelve como un eco. Vuelve desde la oscuridad, desde la permanencia de un sonido inalcanzable.

Van Gogh trabajaba contra la oscuridad que anidaba en sí mismo. Su entusiasmo por la luz, el entusiasmo y deleite con que nombra cada uno de los colores en sus cartas alejaban esa oscuridad. Pero los más bellos cuadros de esa etapa final de su vida tienen su contrapunto en oscuros cielos tormentosos de verano, en pájaros negros.

Creo que hay músicas que evidencian la entrega y abandono a un algo inevitable y noble que el compositor solo recogiese con humildad y resignación. Hay algo en ellas que habla de la profunda oscuridad de las cosas con la claridad meridiana de los sonidos. Ha emergido entonces la música desde lo más profundo de la caja de resonancia. Se hace aire sonoro, se ilumina. Así siento algunos pasajes lentos de las suites para violonchelo sólo de Bach, ó el adagio del cuarteto op.132 de Beethoven, el Requiem por la muerte de B. Britten de Arvo Pärt, ó el breve postludio para piano de Skempton .

Sobre el pueblo de Auvers, en los campos de siembra que aún permanecen mudos se ven masas boscosas en distinta gradación brumosa aclarándose hacia el rio Oise. En la parte alta del pueblo hay grandes robles y hayas que traman una celosía que deja ver el campanario de la Igleisa de Notre Dame que Van Gogh pintó en un vigoroso contraluz ese verano final de su vida. A mis espaldas está el cementerio donde reposa Vincent y a su lado su hermano Theo, muerto poco tiempo después que él.. En ese cementerio plano y sin especial encanto, entre tanto mármol, sus tumbas se significan por bien poco junto a la tapia. Son dos pequeños promontorios de yedra verde bien asentada que hunde sus raíces en la oscuridad de la tierra y en la memoria de sus vidas singulares .

A mi vuelta al taller retomo el fracasado o incompleto cuadro de las celosías de invierno que construyen los árboles del rio en Viñao. Decido hacerlo de nuevo en otro panel.

En la ya larga y fructífera experiencia de los trabajos fracasados todo comienza con una sombra de sospecha generalmente seguida de algún fallo técnico que aflora como para confirmar que algo no va bien en el centro emocional de la obra. El subconsciente trabaja lo suyo.

Este nuevo cuadro recoje la experiencia de Auvers, algún recuerdo de la fisonomía del lugar junto con el magma inicial de la obra donde se escenifica la celosía móvil que tejen cientos de estorninos en su hipnotizante vuelo. En esta segunda versión los pájaros inundan el cielo como divididos en su intención de vuelo, apretando y dispersando torbellinos de oscuridad transitoria, fascinando la mirada, horadando el aire, espiritualizando el tiempo.

M.A. Marzo 2012

Galería Gema LLamazares

Instituto, 23

Gijón