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Guillermina Caicoya. Rocío Osorio ¿Quién teme a los objetos? en Guillermina Caicoya art projects, Oviedo

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DEL 17 JUNIO AL 30 DE JULIO DE 2016

Guillermina Caicoya art projects

Calle Principado 11. 33007 Oviedo.

Comisariado por Alfredo Aracil

“La función del estadio del espejo se nos revela entonces como un caso particular de la función de la imago que es establecer una relación del organismo con su realidad”
Jacques Lacan

El trabajo de Rocío Osorio explora la zona oscura que separa las obras de arte de los objetos cotidianos que nos rodean. Sus ensamblajes, principalmente de madera, suelen nutrirse de materiales pobres que le dan al conjunto un aspecto un tanto destartalado, como de desecho o residuo, y que sin embargo nunca llega a parecer caótico sino pulcro y sofisticado, ya que están ordenados por un principio de economía general. Así, en un ejercicio que trasciende la noción ecologista de reciclaje, sus piezas tridimensionales, tanto en suelo como en pared, se inscriben en el campo del bricolaje, donde los materiales y las partes se relacionan por intuición y destreza gestual, tomando aquello que cada una necesita de la otra, a través del diálogo entre ellas mismas, sin un plan previo o maestro que determine su forma final.

Ahora bien, lejos de constituir una práctica azarosa en la que la artista actuaría como una medium, el trabajo de Rocío Osorio se alinea en la estela de una serie de referentes responsables, en gran medida, del cuestionamiento del marco de referencia de la pintura y la escultura tras la segunda mitad del siglo XX. Una investigación sobre la idea de límite, que la artista recoge transformando su práctica en un laboratorios de formas híbridas, construcciones mutantes que no se dejan encerrar por la noción de medio. De esta forma, una gama de colores pastel invade distintos volúmenes, dando al traste con la definición de cuadro en tanto que espacio bidimensional, para abrazar una concepción de la pintura que es, en verdad, práctica y dedicación al servicio de tantos objetos como la artista pueda imaginar.


Entre la cosa misma y su representación, Rocío Osorio se debate entre la tradición literalista del arte minimal y la presencia de una cierta figuración de corte esquemático, aunque no del todo geométrica y sin duda nada ilusionista, sino tremendamente plana y material. Haciendo siempre referencia a lo escultórico, las imágenes de sus lienzos, en ese sentido, ponen en riesgo la necesidad de una superficie concreta. El cuadro: espacio simbólico, pero limitado por la dimensión física, que no obstante la artista busca una y otra vez trascender por medio de una serie de fragmentos y subordinaciones que reclaman su parte de tridimensionalidad. La repetición, no en vano, tiene aquí papel protagonista, al ser capaz de habilitar toda una modulación de partes diferentes y singulares que, a primera vista, parecen idénticas. Tan protagonista que algunas piezas remiten a la idea de catálogo o archivo, donde cada fragmento de la colección, como un pequeño aleph, habilita visiones simultáneas y posibilidades de estructuración infinitas. Aunque el color usado sobre el lienzo sea el mismo, ningún monocromo es igual que otro...


Proporciones, planos, materiales, color, escala, formas, fondos, materia... Las características fenomenológicas de las piezas presentes en la exposición no cesan de remitir a las cualidades mismas que articulan nuestra experiencia de lo real. El trabajo de Rocío Osorio, en ese sentido, abre un espacio de reflexión para pensar sobre diferentes cuestiones identitarias que determinan de qué manera los objetos se convierten en obras de arte. Y no sólo en relación al lugar ocupan en un sistema que les otorga un cierto valor, sino a través de aquello mismo que determina su existencia y su presencia frente a nuestros ojos.

Alfredo Aracil