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Jacinto Lara. "Puentes a ninguna parte"

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Del 9 de Noviembre al 20 de diciembre de 2016
Casa de la Cultura de Fuengirola
Avda. Juan Gómez "Juanito", 12 29640. Fuengirola
Puentes a ninguna parte

Jacinto Lara.

La ciudad debe despertar, el arte cordobés pasa por un buen momento. No nos dejemos deslumbrar por figuras míticas, cuyos nombres están orleados por un desgastado «caché», y dejémoslas descansar con el mérito que les corresponde en la historia y en el tiempo. Seamos más críticos, más independientes en nuestro juicio y seguiremos avanzando con un paso más seguro; y podremos valorar más certeramente lo que tenemos: artistas, buenos artistas, que a pesar de las dificultades que entraña su permanencia en la periferia, se forman, evolucionan y maduran, sabiendo conectar perfectamente su trayectoria al continuo devenir de su época; informándose, cultivándose, transformándose con esfuerzo, sin traicionar por ello las ideas y los principios que les son propios.

Jacinto Lara (Fernán Núñez 1953), puede ser un buen ejemplo de ello. Pese a los condicionamientos que impone un medio mayoritariamente conservacionista, que no valora de igual modo lo tradicional que el continuo rompimiento que significan las «vanguardias», éste cordobés ha conseguido, con el único apoyo de su valía profesional y personal, un reconocimiento incondicional en distintos sectores del mundo del arte: El proceso por el que Lara ha llegado a este punto de madurez en que hoy nos demuestra que ese encuentro ha sido lento, laborioso y consciente. Esta vez, no ha sido una metamorfosis como cuando abandonó casi radicalmente la figuración, ya que su estilo permanece impecable pese a los cambios; se trata mejor de una evolución lógica, que no conoce la marcha atrás, en la que los elementos formales que manejaba van conectándose cada vez mejor con la idea original, hasta conseguir una sólida simbiosis, cuya transparencia no radica en su comprensión semántica, sino en su fuerza plástica, poseedora de igual forma de un carácter estético excepcional y unos estimables componentes emocionales y logísticos.

La abstracción no tiene que ser una no-figuración, ni un mero capricho expresivo que sólo se ciñe a un complicado entramado que únicamente el artista puede entender. Esto es otro «mito», producto del desconocimiento. Lara nos demuestra que, si bien la complicación existe en las dificultades de la ejecución, del aprendizaje, de la organización, la elección formal, la idea y la adecuación, en absoluto debe afectar a la limpieza narrativa y estética de la obra en sentido negativo, por el contrario, la auténtica abstracción se nutre de una clara intencionalidad y de conocimientos técnicos tan eficaces, que enmascaran sin forzamiento su engranaje y dan como resultado una armonía visual, no sujeta nunca a la interpretación monovalente que ofrecen los referentes inequívocos y concretos; deja volar la imaginación, con mínimas pistas, otorgando la única certeza absoluta de su calidad estética, capaz por sí misma de comunicar sensaciones.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que no es éste un valor causal al alcance de cualquiera; la precisión, el concepto y la lucidez se dan la mano con la intuición, la imaginación y el gusto La interrelación regular, ininterrumpida y armoniosa de estas, facultades cognitivas y expresivas se constituyen en un caldo de cultivo en el que fácilmente arraiga la creación, pero lejos de ser un acto reflejo, son el escape orientado de un cúmulo de experiencias vitales.

Una compleja propuesta que encuentra, pese a todo, su razón práctica de ser en una simplicidad manifiesta que oculta con celo las dificultades de su elaboración, para mostrarse tan espontánea como la idea inicial: emotiva y critica; descontaminada y valiente.

Amparo Molina