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Juan Gonzaléz de Riancho. Exposición "Dibujos para soñar despiertos" de Eduardo Arroyo en Galería Siboney.

Siboney. Eduardo Arroyo. Foto de sala 1

Del 28 de agosto al 30 de septiembre

GALERÍA SIBONEY

Santa Lucía, 49. 39003 Santander. Cantabria.

Tel.: 942 311003

info@galeriasiboney.com

Dibujos para soñar despiertos, es el título de la primera comparecencia de Eduardo Arroyo en la Galería Siboney, cuatro años después de su última cita en Cantabria con la exposición en la sala Robayera de Miengo en 2011.

La exposición está estructura a partir de una serie de collages y obra sobre papel, que fueron seleccionadas por Manolo Cuevas para la exposición que realizó en la Galería Estampa de Madrid, en los meses de Enero y Febrero del pasado año, junto con una edición limitada –numerada y firmada- de platos con diseños del artista, junto con tres proyectos editoriales, que dan una pista sobre su universo creativo, ya que se trata un artista y escritor de asombrosa versatilidad, pero con un talento especial para el dibujo y el collage, dos técnicas muy exigentes y comprometidas.

El collage es la base de esta exposición, y con respecto a esta técnica y este artista, escribía Calvo Serraller en “El País” en septiembre de 2011 “El collage, en concreto, un invento cubista de Picasso y Braque, ha sido quizás la vía más fértil y característica de todo el arte moderno, no sólo por haber abierto la senda del reciclado y la hibridación o, todavía más, de la rapidez vertiginosa del prêt-à-porter, cualidades ambas sin las que no podría haber tenido lugar el ready made, sino, sobre todo, porque llevó al extremo la capacidad de síntesis. La manera como lo interpreta Eduardo Arroyo es, no obstante, la más arriesgada, porque anuda a través de esta técnica lo formal y lo simbólico; esto es: porque se esfuerza en sacar con esmero todas sus posibilidades sintácticas del "corte y confección", o, lo que es lo mismo, de saber recortar y pegar, de elegir, asociar y subrayar, creando de esta manera, a partir de lo conocido y hasta de lo trivial, lo asombroso, incluyendo en esto último también lo narrativo.”

Eduardo Arroyo (Madrid, 1937), artista de larga y sólida trayectoria, es sobre todo un artista polifacético. Como escritor destacan las obras Panamá Al Brown (1982) o Sardinas en aceite (1990). También ha diseñado escenografías teatrales, como su interpretación de la pieza de Calderón de la Barca La vida es sueño. Y es considerado como uno de los máximos representantes de la figuración crítica, de contenido político y social, fue Premio Nacional de Artes Plásticas en 1982, justamente el mismo año que el centro Georges Pompidou, de París, le dedicó una gran exposición retrospectiva. El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte le concedió la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes en el año 2000.

Arroyo cuenta actualmente con presencia en muchos importantes centros de arte mundiales. El Museo Reina Sofía de Madrid -que le dedicó una retrospectiva en 1998- expone tres lienzos en la colección permanente. Y obras de Arroyo se encuentran también en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, -que le dedicó una muestra-, IVAM de Valencia, el MACBA de Barcelona, el Museo Municipal de Madrid, el Museo de la Colección Berardo de Lisboa, el Museo Cantonal de Bellas Artes de Lausana, la Nueva Galería Nacional de Berlín, el Museo Nacional de Arte Moderno de París o MOMA de Nueva York.

Su trayectoria personal y artística, resulta muy representativa de su generación. Estudió periodismo y, en 1958, se traslada a París, ciudad desde la que en paralelo a su crítica antifranquista, se preocupó por el compromiso del arte y la vanguardia, y desde esas premisas incluye en sus obras comentarios tan polémicos como ácidos, sobre las figuras indiscutibles de la vanguardia como, por ejemplo, a Marcel Duchamp en la serie El fin trágico de Marcel Duchamp (1965), entre otras y en sus inicios.

Para definir el estilo de Eduardo Arroyo se recurre habitualmente a diversos conceptos: arte pop, figuración narrativa, nueva figuración, pop crítico... En realidad, el estilo de este artista es tan peculiar y atrayente que resulta en buena medida inclasificable. Su actitud ante la pintura es la del autor que se siente comprometido con su tiempo histórico, con las circunstancias de su época, que analiza desde su personalísimo punto de vista, siempre con una extraordinaria lucidez, en la que la ironía es un componente destacado. Arroyo es un pintor crítico, no cabe duda, pero al mismo tiempo su reflexión no está exenta de un cierto optimismo. Afortunadamente.

La técnica de trabajo de Eduardo Arroyo se basa sobre todo en la alquimia del collage: “Es precisamente este aspecto serial, fragmentario, dividido, son estas diferencias estilísticas, estas mezclas, toda esta incoherencia, lo que constituye, al fin y al cabo, la coherencia de mi trabajo”, ha dicho a menudo el propio artista.