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Juan González de Riancho. Juan M.Moro, "El ser y la iridiscencia", en Galería Siboney.

5-Sin título

Inauguración: Viernes 17 de Abril, a las 20:00 horas.

GALERIA SIBONEY : C/Santa Lucía, 49, 39003, Santander.

En su quinta muestra individual en la galería Siboney, (la anterior en el espacio de Castelar fue en 2007, Suite SDR) y casi cinco años después de su celebrada exposición en el palacete del Embarcadero (Muellear, junio de 2010) Juan M. Moro (Santander, 1960), uno de los artistas con mayor capacidad para la reflexión y la investigación, presenta una serie de trabajos sutiles y potentes preparados para una muestra que en el propio título da claves para prepararnos a enfrentarnos a sus nuevos trabajos: EL SER Y LA IRIDISCENCIA (Aleación en papel y aluminio).

Se trata de un conjunto de obras que en la descripción técnica de las mismas, el artista señala, “Realizadas mediante impresión digital sobre papel, aluminio, pintura, luz reflejada y ocasionales destellos irisados”, en las que aborda un ejercicio plástico y conceptual sobre el espacio y el ser. Juan Moro, ante su nueva apuesta, recuerda que “la iridiscencia es un fenómeno óptico derivado de la propiedad que poseen ciertos materiales y superficies para descomponer la luz cromáticamente”. La exposición está conformada por quince piezas, realizadas entre 2014 y 2015, de formatos medios, que oscilan entre los 50 x 40 cm de la más pequeña, a los 100 x 120 cm de las más grandes.

(El texto que puede leerse a continuación, y que ha escrito el propio artista para presentar la exposición, señala algunas de las características formales de esta nueva obra)

Uno de los orígenes conceptuales de la sala de estar, hoy irrenunciable pieza arquitectónica del hogar, se encuentra en el ilustrado Salon dieciochesco, lugar vinculado con el desarrollo de actividades sociales específicamente artísticas. En su inherente condición para mostrar arte, la sala de estar atesora también un potencial dirigido hacia el ámbito de la experiencia privada, tornándose en un singular hábitat para el ser, o, al menos, para la intimidad de su propietario-autor. Un lugar, así pues, donde convocar el espíritu trascendente de cada cual, ya sea entre sus más apreciadas pertenencias, o inmerso en una sugestiva atmósfera dirigida a facilitar la pura y despreocupada contemplación artística.

Una estancia, por otra parte, idónea para experimentar formas de lo que Milan Kundera llama, a efectos de la intimidad y el conflicto amatorio, la levedad del ser, o, en una línea más próxima a lo propiamente artístico que nos ocupa, de lo infraleve duchampiano. Es decir, aquello que de manera tan sutil como fugaz es capaz de embriagar estéticamente tanto al entendimiento como a los sentidos. Infraleve es todo aquello que se manifiesta como un frágil y etéreo acontecimiento extraído de la trivial experiencia cotidiana, que se define nítidamente como infraleve nada más que en y por sí mismo. En Marcel Duchamp: el calor de un asiento que se acaba de abandonar, el aliento exhalado sobre las superficies pulidas, el sabor del humo que queda en la boca al fumar, el sonido del roce de los pantalones al caminar, un jabón que resbala… Aquí, en nuestra sala de estar-ser, el infraleve de la iridiscencia.

La iridiscencia es un fenómeno óptico derivado de la propiedad que poseen ciertos materiales y superficies para descomponer la luz cromáticamente. Su manifestación precisa la suma de dos circunstancias concurrentes: el ángulo de incidencia del rayo luminoso y, asimismo, el ángulo desde el cual es observada la superficie, tal y como ocurre en el caso de las manchas de aceite o las burbujas de jabón. Como ha escrito Georges Didi- Huberman: «El resplandor no es una cualidad estable del objeto: depende del movimiento del espectador y de su encuentro con una orientación luminosa siempre singular, siempre inesperada. El objeto está allí, desde luego, pero el resplandor viene a mi encuentro, es un acontecimiento para mi mirada y mi cuerpo, el resultado del más ínfimo —íntimo— de mis movimientos».

Estas leves y casi imperceptibles auras irisadas han sido convocadas en el presente caso mediante residuos metálicos, a falta de otros recursos más ostentosos o elaborados, como puede ser cualquier dispositivo electrónico de última generación… Este bajo, bajísimo, perfil técnico implícito en la forma de bricolaje utilizado en estas obras, demanda del espectador la movilización de su mirar más inquisitivo, con objeto de intentar atrapar el siempre esquivo, azaroso e infraleve momento y lugar donde surge ocasionalmente la fugaz chispa vivificante de un aura iridiscente. A lo que cabe sumar la poca generosidad en la producción de espectaculares reflejos e irisaciones del propio aluminio, metal proclive a una oxidación matizada, incluso lánguida, lo que de nuevo obliga a la más atenta exploración visual en busca de tan huidizo tesoro.

Residuos y emblemas de levedad son también los ecos de todo lo leído, dicho o pensado en estas salas de estar y/o ser, que permanece latente en forma de caracteres atrapados entre los resquicios, los cortinones, bajo los muebles o el entarimado. Algunos son desechos procedentes de arduas batallas, aquellas libradas entre la razón y la sensibilidad, como evocan los célebres Pensamientos sueltos sobre la pintura de Denis Diderot, primer crítico moderno de los Salons artísticos. Y lo que no son siquiera palabras, sino solo serpenteantes flujos de un pensar incapaz de quedar substanciado verbal o tipográficamente. Pre-formas pictóricas estas últimas, a modo de máculas orgánicas, ramificaciones arborescentes y dendríticas nervaduras venosas. Gotas y salpicaduras de tinta registradas en alto contraste sobre tiras de luz metalizada.

Aparecen asimismo primeros planos en esta batalla dialéctica o “de salón”, con mesas de reunión donde se ha dirimido y debatido en común, generalmente con el movimiento centrífugo y disonante de la controversia… Así como puertas, ventanas, balconadas y galerías: poros por los que se filtran, airean, escapan o disparan ecos de todo lo vivido, nombrado e ideado algunavez en tan oscuros bastiones interiores…