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Juan González de Riancho.José Lourenço en la Galería Siboney: Beyond the Building

Inauguración: Viernes 2 de noviembre, a las 8 de la tarde

Hasta el 4 de diciembre de 2012.

La Galería Siboney, presenta en Santander la segunda exposición individual de JOSE LOURENÇO, uno de los artistas más importantes de la escena artística portuguesa, tres años después de iniciar la relación profesional la galería, con su primera individual Anamorphosis, y con los trabajos que posteriormente la Siboney presentó en ARCO 2010.

Esta segunda muestra, lleva por título Beyond the Building, y coincide con un momento de reconocimiento internacional del trabajo del joven artista lisboeta JOSE LOURENÇO (1975), que acaba de exponer con gran éxito en ArtRio 2012 (Feria de arte Contemporáneo de Río de Janeiro), de la mano de su galería brasileña (Amarelonegro Arte Contemporânea), que además le ha lanzado un libro en Brasil -este pasado mes de septiembre-, repasando y contrastando su obra junto a la de la artista brasileña Adriana Verejâo, titulado: "Pintura e realidade. Realismo arquitetônica na pintura figurativa”

Artista que pertenece a la nutrida generación de jóvenes artistas portugueses, liderada por João Onofre, o Joana Vasconcelos, entre otros, que desde finales de los noventa han ido dejándose ver en galerías españolas y en alguna que otra gran cita internacional. Pero si cierto es que en esta nueva hornada no han destacado demasiados pintores también lo es que en generaciones anteriores tampoco es fácil encontrar artistas portugueses dedicados a la pintura y sólo podemos hablar de casos aislados, el más notorio Pedro Calapez.

En esta segunda individual en Santander, el artista construye un atlas visual del paisaje urbano, tal como la arquitectura y la ingeniería componen hoy en día. Esta exposición Beyond the Building se centra en las ciudades, detrás de la memoria de tiempos pasados, presentes y futuros. Lugares donde la vida no para, está en constante movimiento y cambio.

En ella, vemos que hay un aspecto cinematográfico, como si estuviéramos delante de una fotografía que condenase un bloque en movimiento a una fijación, movimientos algo sonámbulos de una cámara que se ha reducido a un solo punto, la anotación puramente óptica de una imagen perenne congelada en un instante de frágil insignificancia. Por lo tanto, el significado de este procedimiento es el hecho de abrir cualquier posibilidad narrativa ó de acción, pero solo para presenciar la total falta de intriga. La imagen de acción desaparece a favor de la imagen puramente visual, lo que provoca el nacimiento de su propia imagen para ser un referente del tiempo muerto. En donde, el prolongado silencio y el vacío es la corriente de las cosas que ocurren en el mundo.

Las superficies lisas y geométricas forman un mundo frío y silencioso en donde nadie habita. Un mausoleo perfecto, que parece que han sido diseñados por un proceso informatizado que la precisas formas llaman a la vida real.

A veces tan solo un elemento orgánico (arbusto, escalera, mesa, ropa) contrasta con el escenario envolvente, rompiendo el silencio de la pintura casi limitada a las paredes monocromáticas de los edificios, es decir una tensión entre un escenario de la arquitectura virtual y la proliferación de organismos vegetales. Esa tensión toma forma de un modo teatral, entre naturaleza y cultura, vida e inercia, artificialidad y erupción incontrolada de algo que no fue creado por la mano humana. Existe una cierta teatralidad en la capacidad de crear espacios silenciosos, meditativos, a la vez que esa limpieza es sutilmente reformulada por elementos, divergentes pero discretamente misteriosos. Para finalizar son, paisajes psicológicos, lugares vacíos de la presencia humana, pero donde existe el interés entre lo que es publico y privado, aunque todo remita para un Yo o para un Nosotros, no tanto como una búsqueda de la espiritualidad pero si como una inquietud que se expresa silenciosamente.

En algunos trabajos se aprecia una mirada fragmentaria, centrada en un amasijo de líneas y ángulos, en otros Lourenço perfila un paisaje concreto. Hablamos pues de una práctica esquemática de líneas férreas y colores planos que huyen de la mera representación geométrica, y por tanto del frío rigor formal, para dirigirse hacia una cálida poética de evocaciones, un juego de construir imágenes a la manera de ese otro pintor tan urbano que, por cierto, cuenta con una buena legión de admiradores en Portugal: Julian Opie.

Con la utilización de un orden geométrico puro, José Lourenço reduce el paisaje urbano a lo esencial, recurriendo a la fotografía como método de conocimiento y análisis visual de la realidad.