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Marisa Fernández-Cid. Los artistas Almalé/Bondía primer premio Fundación AENA

Los artistas Almalé/Bondía (Javier Almalé y Jesús Bondía), les ha sido otorgado el 1er premio de la Fundación AENA por una foto (Olafur Eliasson) de la serie IN SITU que podrá verse en la exposición que inaugura mañana la Galería Astarté, en el marco de PhotoEspaña 2011.

Este mismo trabajo ha sido premiado en estos últimos meses por la UNED (Axel Hutte), Unicaja (Ana Mendieta), Purificación García (Thomas Struth) y ha sido finalista en el premio Pilar Citoler (Wolfgang Tillmans).

PAISAJES, ESPEJOS, RETRATOS Y OTRAS FRONTERAS

“La observación de la naturaleza

y la meditación han generado el arte”

CICERÓN

In situ, el proyecto artístico que Javier Almalé y Jesús Bondía vienen desarrollando desde el año 2009, supone un doble nivel de construcción. En primer lugar, su trabajo reflexiona sobre el paisaje y se inserta dentro de ese ámbito de observación y meditación (dos palabras que, inevitablemente, siempre acaban rimando) de la naturaleza del que nos hablaba Cicerón. Un ámbito, por otra parte, del que Nietzsche nos dirá en El viajero y su sombra: “El que se resguarda totalmente contra la naturaleza, se resguarda también de sí mismo: jamás le será dado beber de la copa más deliciosa que puede llenarse en su recóndita fuente”. Estoy seguro de que nuestros dos artistas sí han decidido beber de esa copa y lo hacen dirigiéndose hacia la más o menos recóndita fuente del paisaje.

Esta actitud implica un primer grado de construcción. Para Javier Maderuelo el concepto paisaje es un constructo, una elaboración mental que realizamos a partir de ‘lo que se ve’ al contemplar un territorio, un país. El paisaje será también el continuum de factores culturales y estéticos que definen, signan y representan un territorio, un lugar o un paraje.

Toda reflexión sobre el paisaje, sobre la naturaleza, comporta una posición subjetiva, interior, una mirada más cercana a lo sublime que a la mera reproducción exterior de su fisicidad. “Lo sublime” –dirá Kant en su Crítica del Juicio- “no está contenido en ningún objeto de la naturaleza, solo en nuestra mente, ya que podemos hacernos conscientes de nuestra superioridad con respecto a la naturaleza exterior en tanto que lo hemos sido con respecto a nuestra naturaleza interior…”

En esta serie reflejan (nunca mejor empleado el término como enseguida veremos…) una visión del paisaje teatral y escenificada. Y como en todo acto teatralizado, disponen de un telón, formado por espejos de distintos formatos y marcos, que actúan como una auténtica barrera de percepciones entre el escenario de la naturaleza representada y el ambiguo patio de butacas desde el que percibimos su representación.

La piel de los espejos, como una superficie espec(tac)ular o como una imagen de ecos, constituye una de las gimnasias formales y compositivas más recurrentes en las fotografías de este tándem artístico. Dice Juan Antonio Ramírez que, “ningún espejo es ilimitado. Lo reflejado, por tanto, es siempre un fragmento del mundo.” Y eso es lo que ellos hacen: mostrar fragmentos de su mirada sobre una naturaleza ante la que se posicionan y contemplan, y fragmentos de las miradas de otros artistas, invitándonos también a nosotros a tomar parte en esta ceremonia de lo fragmentario. Una ceremonia a la que Omar Calabrese -quien da cuenta de este fenómeno cultural y causal tan generalizado: el cuestionamiento del concepto de totalidad a través de la fragmentación- califica como “práctica del asesino”.

Tras esta mirada al paisaje, se impone ahora su representación. Y aquí aparece el segundo grado constructivo. Una construcción (que también, inevitablemente, deberá rimar con ficción) basada en las ambiguas músicas perceptivas. Afirma Rudolf Arnheim en El Pensamiento Visual, “…esto significaba que la experiencia sensorial era una ilusión engañosa. Parménides exigía una definida distinción entre la percepción y el razonamiento, pues al razonamiento había que recurrir para la corrección de los sentidos y el establecimiento de la verdad…” Palabras que encajan perfectamente en el cuerpo y también en el espíritu de estas imágenes fotográficas que nos proponen, y que lanzan al espectador un anzuelo visual y conceptual lleno de guiños perceptivos.

Miradas , la nueva serie que presentan –y que está íntimamente ligada al total del proyecto In situ- supone una vuelta de tuerca más dentro de esta intervención-reflexión sobre el paisaje. Reflexión: nunca mejor dicho por cuanto vuelven a recurrir al espec(tac)ular artificio de los espejos. En esta ocasión presentan una galería de retratos (un género de referencia dentro de la creación visual en general y de la fotográfica en particular), distintas personas contemplando distintos paisajes de la historia del arte que previamente cada uno de ellos ha elegido. Lo singular de esta iniciativa es que, en vez de mirar(nos), como es habitual, se nos muestran representados de espaldas con lo que –aparentemente- desplazan el centro gravitatorio de un retrato que es el de confrontar su mirada, sus rasgos, con la nuestra, con los nuestros.

Sin embargo, aunque sus miradas se ocultan, (es curioso cómo también te puede mirar aquel a quien miras, pese a que no pueda –aparentemente- mirarte…) parecerían conectar con las nuestras a través de su reflejo sobre la piel de los espejos, que a su vez, en una estrategia muy barroquizante, como un jardín de senderos especulares que se bifurcan, recogen la imagen de esos paisajes que habían seleccionado. Utilizar el espejo –al igual que en el libro de Lewis Carroll- no como simple superficie o contenedor de imágenes, sino como límite o frontera (palabras-conceptos clave en estas obras) a marcar, a levantar y ¿porqué no? también a transgredir, a traspasar. Atravesar el espejo para acceder a otros espacios de conocimiento y percepción y, de esta forma, llegar a encarnarse, es decir, llegar a ser (el) otro; el que habita en el fondo de las aguas del espejo…

Pero además disponen, y nos proponen, un nuevo guiño cómplice en relación a la presencia del paisaje, al introducir proyecciones de árboles, hojas y ramas que interactúan con las personas “retratadas”, creando un singular continuum de luz, reflejo y naturaleza.

Empleaba hace un momento con toda intención los términos límite y frontera ya que, de la misma forma que en la serie In situ, Almalé y Bondía regresan de nuevo a ese territorio fronterizo que marca la creación visual entre naturaleza y representación, a esa limes que dibuja un plano ambiguo y subjetivo (pero al tiempo casi infinito) entre lo que vemos y cómo lo vemos, entre lo que existe y lo que imaginamos, entre la realidad y el deseo.

Francisco Carpio

Galería Astarté

Monte Esquinza, 8 28010 Madrid