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Norberto Dotor. Vanesa Gómez en la Galería Fúcares de Almagro: La Cal

Del 24 de septiembre hasta el 19 de noviembre de 2011.

1. Nota de prensa

Cinco años girando en la ruleta me devuelven al punto donde me subí, hace cinco años (ese coche no conducía a ninguna parte). Al mismo punto donde me subí: las novias acuáticas escupen el lodo, los tristes soldados apartan el miedo y los niños muestran su sexo para volverse reales, para cruzar la frontera de los meros fantasmas.

Todo es casi igual, pero hay pequeños cambios: las figuras ya no quieren tocar suelo y flotan en el espacio, impulsadas por su cabeza despeinada, inmersas en una nube de aire y humo.

Trabajo mucho a partir de fotografías antiguas, para construir el pasado, para construirme una memoria, aunque las fotos ni siquiera sean mías y la memoria sea, por tanto, artificial. Establezco una relación con esos desconocidos, ya que la mayoría son imágenes prestadas o bajadas de internet. Me entran ganas de archivarlos en un álbum y guardarlos en el baúl, junto al resto.

En mi familia la relación entre celebración y muerte se estrecha: una muerte para mi bautizo y un cadáver en mi comunión, veinticuatro horas después, en casa, donde recibí los regalos, donde me comí la tarta.

He reconstruido mi taller en la casa de mis padres. Sólo los espejos de la casa familiar son objetivos: en ellos descubro, asombrada, que definitivamente envejezco.

Busco en la pintura un referente, un ancla, una memoria y un deseo. También busco un espejo. Como en un espejo, en el cuadro me veo, me busco y me muestro. El cuadro devuelve imágenes de mi posible belleza y sobre todo, y sin tapujos, devuelve los reflejos de mi más profunda fealdad.

2. Breve declaración prestada. (Reflexiones frente a un tetra-brick y un bote de suavizante).

Debo confesarlo sinceramente. La vista de cualquier animal me regocija y me ensancha el corazón, sobre todo la de los perros, y luego la de todos los animales en libertad, aves, insectos, etc. Por el contrario, la vista de los hombres excita casi siempre en mí una aversión muy señalada, porque con cortas excepciones, me ofrecen el espectáculo de las deformidades más horrorosas y variadas: fealdad física, expresión moral de bajas pasiones y de ambición despreciable, síntomas de locura y perversidades de todas clases y tamaños; en fin, una corrupción sórdida, fruto y resultado de hábitos degradantes. Por eso me aparto de ellos y huyo a refugiarme en la naturaleza, feliz al encontrar allí los brutos.

(Schopenhauer, El amor, lasmujeres y la muerte).

Galería Fúcares Almagro

San Francisco, 3 13270 Almagro