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Patricia Rodrigo. David Latorre en galería Antonia Puyó

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DAVID LATORRE. "Arquitectura, cuerpo e indumentaria".

del 19/02/2016 al 30/04/2016

Galería Antonia Puyo. Madre Sacramento 31, 50004 · Zaragoza · España
De lunes a viernes de 11,30 h a 13,30 h y 16,30 a 20,30
Sábados de 10.30 a 13,30 y Sábados tarde previa cita

En la segunda exposición individual de David Latorre en la galería Antonia Puyó se muestra, una intervención site-specific, diseñada especialmente para el nuevo espacio inaugurado, junto al último proyecto del artista que da título a la exposición, "Arquitectura, cuerpo e indumentaria".

Retratar el paso del tiempo

“Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus
alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este
huracán le empuja irrefrenablemente hacia el futuro, al cual da la
espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta
el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso”.
Walter Benjamin sobre el “Angelus Novus” de Paul Klee.

Hay cierta remanencia de la idea romántica de ruina cuando los artistas contemporáneos fijan su atención en lugares decadentes, que paulatinamente han pasado de ser edificios a ser escombros, y donde la belleza de lo que fue es evidente.


El trabajo de David Latorre, presentado en la galería Antonia Puyó, tiene mucho de esto. El artista, además, carga de connotaciones biológicas a la propia arquitectura, poniéndola en relación con el cuerpo y con la indumentaria. Su idea parte de que el ser humano es, en origen, piel (justamente el mayor órgano del cuerpo), que necesita la vestimenta para definirse como ser social, y que la arquitectura y la ciudad le proporcionan un contexto concreto donde Ser.


En sus fotografías, tomadas en el antiguo Acuartelamiento La Merced, la huella humana, aunque ausente, es palpable. El abandono, y su terrible silencio, se transforman en esta serie en metáforas visuales de la ruina.

Me refiero a lo romántico de este planteamiento porque ciertamente hay detrás algunos conceptos como la muerte, siempre presente en ese paso inexorable del tiempo, y que de alguna manera funciona en las fotografías como un memento mori.


En “El tiempo en ruinas”, el antropólogo francés Marc Augé plantea que contemplar las ruinas no es tanto viajar en la Historia, sino vivir y experimentar el tiempo en su estado puro, cuando ya ha pasado, cuando está pasando, cuando lo que era ya no es. Su gran argumento es que es propiamente la ruina la que mejor define “la vida” en las ciudades, tan apuradas por la construcción presente; tanto es así, que muchas de las nuevas arquitecturas ya son ruinas desde que nacen.


Latorre muestra en sus fotografías que hay esa intrínseca relación entre lo humano y lo arquitectónico: experimentar el tiempo en lo corporal y en lo material, en los edificios.


El artista habla de cómo en la piel se aprecian los cambios progresivos a través de arrugas, cortes o desgarraduras, y establece un paralelismo visual y simbólico con los espacios que fotografía, donde tejados que se han derrumbado, grietas y desplomes convierten al edificio en un lugar cargado de historia. Es esta una historia propia, sin mayúsculas, autorreferencial, que habla del tiempo pasado en primera persona.


Personalmente me sorprendía que en las fotografías de Latorre hubiera un elemento común, constante, imposible de obviar: la naturaleza. Como si de una vuelta más se tratase, el artista escoge un punto de vista donde la vida ocupa de nuevo las ruinas. Se trata de follaje, ramas y enredaderas que, de forma progresiva, han ido recuperando su lugar entre los escombros. Podría interpretarse este gesto visual como una metáfora de la vida que vuelve, que siempre vuelve, que toma lo que otra vida (la humana), ya ha abandonado.


Es por eso que este trabajo de Latorre no puede considerarse como una visión pesimista de los espacios en ruina; todo lo contrario: sus fotografías están cargadas de vida, de posibilidades, de intervenciones posibles. Precisamente en su intento por unir ruina-vida, Latorre traslada parte de estos espacios a la galería. En la exposición podemos observar parte de los lugares de las fotografía sacados de su contexto y presentados en Antonia Puyó; una experiencia inmersiva que nos permite caminar entre las imágenes. El acuartelamiento que Latorre retrata obsesivamente se encuentra ahora delante de nosotros, como en un viaje a las fotografías tanto visual como físicamente.


Si la melancolía parece ser la única respuesta a aquello que ya es devastación, aquí nos encontramos con la contrapartida esperanzadora de la vida propia de los edificios, como si su estado actual fuera parte de su naturaleza esencial. En sus fotografías queda patente que son las ruinas los reflejos más visibles de los cambios en nuestras sociedades, la cicatriz simbólica como fragmento de un tiempo anterior; la piel misma de la
ciudad, el paso del tiempo y su manifestación.


Entre todas las cosas posibles en esta serie, sin duda la implicación del que mira es una de ellas; no son imágenes del fin, sino que invitan a la imaginación a reconstruir lo que hubo antes y a crear otra cosa futura.

Semíramis González