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Sabrina Amrani presenta Fugitive, una muestra individual de Nicène Kossentini en Art Dubai 2017

Fugitive de Nicène Kossentini

Sabrina Amrani en Art Dubai 2017
14-19 Marzo 2017
Arena Hall
Stand C2

 

Fugitive implica un regreso de Nicène Kossentini al dibujo y la acuarela. Las piezas que se mostrarán toman prestado motivos de la geometría islámica y la estética de su ornamentación arquitectónica, ya que la artista pasó algún tiempo en la Gran Mezquita de Córdoba, con sus dobles arquerías rojas y blancas durante su residencia en Casa Árabe, Andalucía.

Lejos de explorar el legado del diseño islámico, o de indagar en las estructuras ornamentales andalusíes desde un punto de vista puramente teórico, Kossentini utiliza estos elementos únicamente de manera formal, y prosigue su búsqueda existencial en lugar de interrogarse acerca de las contradicciones y la mutabilidad de la vida y la memoria.

Inspiradas por el aspecto líquido del agua, las obras que integran Fugitive están ubicadas en el movimiento y la instrospección: creadas a través de procesos extremadamente inmersivos, hablan del cambio contínuo, de la ausencia y la pérdida. Si pensamos en cómo algunos científicos definen el agua -como elemento vivo- registros de la memoria a través de vibraciones, las piezas que componen el show insisten en esta idea. En ellas, el agua se reúne y se aísla. Conserva y rechaza. Como resultado, tanto el vídeo como los dibujos se encuentran en un estado de cambio constante. Pueden ser leídos por separado o en conjunto ya que resuenan al unísono como una partitura musical desconocida. Contra la tendencia de su habitual proceso creativo y comenzando por los conceptos, Kossentini ha elegido seguir su intuición libremente a través del dibujo, como una necesidad.

El díptico Tawq al-Hamamah (El Collar de la Paloma) es copia de un fragmento del tratado epónimo sobre el amor escrito hacia 1022 por el filósofo Ibn Hazm de Córdoba – uno de los libros predilectos de la artista, y un ejemplo de su pasión por la poesía, la literatura y la filosofía árabe. En estos papeles, que respetan el formato de los manuscritos manteniendo un amplio margen en todo el papel, Kossentini deja que su tinta de color rojo ladrillo corra hasta deslizarse. El ademán se hace confuso, como si un viento susurrante hubiera dispersado las letras y el lenguaje, de otra manera restringido a los márgenes del texto. La tempestad de polvo que azota la copia del tratado revela paisajes poéticos de olas y colinas. Los dos nuevos dibujos evocan piezas anteriores que indagan acerca de los límites de la escritura así como sobre la complejidad de la comunicación, como Shakl, Rasaîl o más recientemente, Infinitesimal.

A pesar de que la escritura parece viva, casi con aliento, se mantiene indescifrable y misteriosa. Al aproximarse uno percibe palabras que destacan, pero inmóviles. Sus significados son impenetrables. ¿Podemos compartir nuestra intimidad a través del discurso y la escritura? ¿Es el lenguaje suficiente? Una sensibilidad extraordinaria emana de este díptico que invita al espectador a concentrarse y observar el texto con precisión, confrontándonos con los límites de la comunicación y con los espacios latentes entre significado e interpretación.

La paradoja que entraña la expresión, que incluye los sutiles vínculos entre la oralidad -la palabra hablada- y el silencio, está canalizada en el vídeo The Poem. Superpuesta sobre una toma estática del mar, una boca emite algo ininteligible. La voz se pierde a pesar del movimiento y la contracción de los labios, sustituida por el sonido puro del ciclo de la marea. De alguna manera el ritmo habitual de esta melodía apacigua al espectador mientras un sentimiento de opresión surge de manera simultánea. La imposibilidad de decir y articular se complementa con la incapacidad de escuchar, al igual que en las anteriores series fotográficas What the water gave me, centradas en labios balbuceantes bajo un líquido.

Aún así, se percibe un desplazamiento progresivo en The Poem; junto con esta cuestión, otra preocupación emerge a través del tema del agua: el destino de los refugiados. Para Kossentini, recurrir al mar es un medio para explorar la experiencia migratoria desde la perspectiva de la patria perdida. Le interesa la ambivalencia de la ‘orilla opuesta’: si el agua salva y es promisoria de una nueva vida, también erradica y engulle la existencia anterior. La travesía se convierte en inseparable del alejamiento, la alienación y la distancia. El mar se torna un epítome de ruptura, un lugar donde el recuerdo de una identidad y cultura individual y colectiva desaparece o se ahoga, perdiendo su voz y su expresión. De ahí la imagen de una boca sumergida: con dificultades para encontrar su camino, y lista para la huída. El ruido de las mareas transmite este proceso de dilatación que implica el exilio.

La pérdida y el movimiento son un hilo común y marca de la serie de dibujos The Errant. Kossentini evita el riesgo de la imitación o el arabesco, tomando prestada de la geometría islámica para reflexionar sobre la cohesión y la separación, sobre la concentración y la dispersión a través de patrones entrelazados como células corporales. Cuadrados complejos, círculos, estrellas y polígonos habitan sus acuarelas orgánicas, desde los delicados tonos gris azulados, al verde y el rojo ladrillo de nuevo, como gesto de alusión a los colores de las arquerías de la Mezquita de Córdoba. Una característica llamativa de sus combinaciones vibrantes es el mantenimiento de los contornos iniciales. Aquí Kossentini contempla los actos de creación y ruina como ciclos sin comienzo ni fin, y procesos desenmarañados como un viaje. En contraste con la concepción matemática andalusí de la ornamentación, uno está sujeto a la finitud y el rigor, la artista se expone a superficies fluidas en movimiento, sobre un boceto preliminar ligero. El teselado intrincado que se forma está desmenuzado y es ilimitado. ¿Puede suceder que este infinito posibilite los movimientos del espejo de la vida?. Mientras que lo divino está arraigado en las estructuras arquitectónicas islámicas, integrando reflexiones sobre el cosmos y la unicidad, Kossentini no roza esto directamente. Está más interesada en plantear el orden y el desorden, con confluencias e irrupciones, como las que se encarnan en The Errant / Moment 3. Sus dibujos giran en torno a la ambigüedad, sugieren zonas de encuentro y desavenencia, como imanes que se atraen y repelen unos a otros (The Errant / Moment 1).

Si visualmente, Fugitive podría desconcertar a los conocedores de la obra de Kossentini, existe un nexo real con el resto de su obra. Al igual que siempre, prioriza la lentitud y la paciencia, la concentración y lo visual. El hecho de que recurra a la repetición requiere a menudo de un esfuerzo real de leer entre líneas: está lo que percibimos, lo que desciframos, y, más relevante, lo que conjeturamos. De hecho, los fragmentos invisibles subyacentes y el margen imaginario que ofrece, deberían ser precisamente los integrantes fundamenteales de sus obras. Kossentini desencadena nuestra capacidad de ahondar bajo la superficie, ya que la mayoría de sus piezas se presentan con una clara temporalidad, en un continuum espacio-tiempo único. Flotando como si fueran eternas -luminosas e intensas - sus creaciones minimalistas apuntan a lo esencial e intentan capturar lo que está huyendo, cambiando o desapareciendo. Pero, ¿podemos captar el movimiento? El título de la exposición ofrece un indicio para este enigma.

Texto por Clelia Coussonnet