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Sema D´Acosta comisaría la exposición de Miki Leal: Plato Combinado

Miki Leal_Retrato_2013

Del 30 de octubre 2013 hasta el 2 de febrero 2014

Comisariado: Sema D’Acosta

Lugar: Centro Andaluz de Arte Contemporáneo - Sevilla

Por encima de cualquier otra valoración, el asunto principal que debemos considerar de partida en la obra de Miki Leal (Sevilla, 1974) es la pintura, motor y motivación de su trabajo. Aunque el atractivo de sus imágenes consigue cautivarnos por las infinitas sugerencias que desvela, lo verdaderamente importante de sus cuadros es la sintaxis, una serie de aspectos intrínsecos relacionados con la gramática pictórica que logran comunicar de manera suculenta evocaciones constantes sin que apenas se perciba nada ni establezcamos una lógica probable dependiente de los contenidos. En todas sus creaciones existe un factor común, una especie de obsesión que ha ido enriqueciendo y modificando a lo largo de su trayectoria, que atañe a los resortes que hacen saltar algo en su cabeza y que a su vez le llevan a sentir la necesidad de contarlo a través del lenguaje de la pintura. En este sentido, para Plato combinado ha reunido un compendio amplio de algunos de los temas recurrentes que conforman su imaginario visual, un repaso de las principales fuentes que constituyen su cartografía personal sustentada en su mayor parte en elementos relacionados con la memoria o su propia experiencia.

Así, muchos de los asuntos que tienen cabida en esta exposición funcionan como anclajes de esos recuerdos deslavazados que van configurando su territorio expresivo, una especie de itinerario cruzado de sensaciones que nos conecta directamente con sus inquietudes y las particularidades de su universo creativo. Igualmente, otro aspecto novedoso de esta muestra es la inclusión de pequeños bodegones realizados con barro cocido, un motivo tradicional minusvalorado en la actualidad que desde siempre ha interesado a Leal. Estas piezas de cerámica no deben entenderse de forma aislada o puntual, sino como un apéndice de su obra sobre papel que incide en planteamientos habituales de su carrera, una superación de lo bidimensional que continúa de modo natural una investigación abierta en torno a las posibilidades del medio, capaz de trascender las limitaciones de la superficie de un cuadro y ocupar el espacio de manera dialogada.

Normalmente, su discurso se construye a partir de indicios tomados de su entorno inmediato y las señales inesperadas que surgen alrededor, un valor vivencial que se convierte en fuente usual de inspiración y conforma un mecanismo de arranque donde selecciona de manera no premeditada imágenes aisladas que le sirven al mismo tiempo de apoyo y argumentación. Este cúmulo de percepciones rescatadas deben entenderse en clave sensorial. El artista no pretende representar con ellas nada concreto más allá de insinuar escenarios abiertos donde el observador pueda quedar atrapado, temas cotidianos extraídos de la vida diaria que se transforman en universales por la sencillez con la que se muestran y la facilidad con la que nos sentimos identificados con estas impresiones comunes, lugares cercanos que de algún modo interno e inexplicable nos resultan familiares. Hay algo espontáneo en ellos, un atractivo que por encima de lo que cuentan, nos retiene y casi exime del componente narrativo. Como él mismo confiesa “lo que me gusta de mi obra es cómo cuento lo que me callo. Lo difícil es contar lo que uno sabe, pero sin ponerlo. Eso es lo que creo que hago más o menos bien; lo que me funciona. Yo nunca pienso mis cuadros porque creo que no tengo eso del estilo. Los creadores que tienen un estilo lo piensan y lo hacen, pero a mí no me sale. Yo sólo trabajo. Trabajo en cada cuadro. Y no sé para quién lo hago. Lo que sale es lo que me sale. Mis cuadros nunca están claros. Hay un misterio (en ellos) que viene de las cosas que me callo” .

En el trabajo de Miki Leal debemos fijarnos especialmente en su manera de aplicar la pintura, suelta, casi de un solo brochazo, sin correcciones; procurando que el resultado definitivo no sea demasiado ajustado al modelo para que el que mira se guíe por la sugerencia que estimula el ritmo adecuado de la pincelada, el acento exacto de color y sobre todo cómo sitúa cada cosa en el sitio preciso para que el equilibrio de la obra atrape al espectador. De esta forma, la capacidad de seducción de sus cuadros se constituye a partir de la armonía cromática que establece entre los distintos tonos que emplea para cada objeto en relación con los demás elementos y la cantidad de superficie que ocupa cada uno de ellos. Si son plantas de un jardín, el reflejo de un lago, la vista desde una ventana, la portada de un vademécum o una camisa de su propio ropero… Eso queda en segundo lugar, lo primordial es cómo está pintado. Esta manera sustanciosa de transmitir no sólo lo libera de obligaciones programáticas o justificaciones conceptuales, sino que además consigue cohesionar con vitalidad la integridad de cada obra. Tal como relata Ignacio Tovar al describir sus cualidades pictóricas: “Miki tiene la capacidad de incorporar elementos dispares a sus cuadros con tal desenfado y desparpajo, que sorprende y desconcierta, aunque también consigue captar la atención el tiempo suficiente para que el espectador se deje introducir en el mundo que le propone, sin oponer resistencia. Una vez dentro, se comprueba que las leyes que rigen la obra son coherentes; que las relaciones que se establecen entre las partes, ya sean figurativas o manchas abstractas, poseen su propia lógica, hasta que llega un momento en el que el análisis racional no importa” . José Miguel Pereñíguez insiste en estas facultades: “Volviendo a la obra de Miki, su compleja y rica inconografía puede dar pie a lecturas superficiales o herméticas. Es tan inevitable que resulta banal. Pero hay algo que está más allá de la obra y que muchas veces no trasciende lo suficiente al público: la inserción de esa obra en tu propia experiencia, no como un diario o relato paralelo, sino como la forma esencial en que se teje tu vivencia de la realidad” .

El título elegido para este proyecto, Plato combinado, es un nombre entre irónico y divertido donde Miki Leal mira hacia sí mismo con humor. Partiendo de una referencia popular tomada de la carta de menús de un restaurante barato, identifica el modo de presentación de esta comida con la composición de una naturaleza muerta contemporánea, una original asociación que también hace alusión a la manera desinhibida con la que mezcla de forma intencionada los tres géneros históricos de la pintura (paisaje, retrato y bodegón), tomando ingredientes salpicados de cada uno de ellos sin orden aparente para crear escenas ambiguas y desubicadas difíciles de clasificar. Por supuesto, este juego de palabras también apunta a un rasgo característico y esencial de su personalidad artística: su inusual capacidad para compartir sinergias con otros creadores e implicarse en trabajos compartidos.

La cerámica

Uno de los componentes primordiales que marcará el carácter de esta exposición será la cerámica, un tipo de trabajo inédito en su recorrido que se presenta al público por primera vez en el CAAC. A Miki desde siempre le han interesado mucho las texturas y los aspectos táctiles de la obra (habitualmente, rompe, rasga, arruga o recorta los bordes de muchos de sus papeles), quizás por eso de manera natural haya llegado a la experimentación con el barro, un elemento dúctil y con muchas posibilidades que le permite crear nuevas formas tridimensionales desconocidas hasta la fecha en su carrera. Conociendo la identidad del museo y la importancia de la cerámica en su historia tras su conversión en fábrica de loza en el siglo XIX después que Charles Pickman comprara el edificio aprovechando la desamortización de bienes eclesiásticos de Mendizabal en 1836, es fácil entender la vincunlación entre estas nuevas piezas y el lugar que va a acogerlas.

Los diversos objetos que presenta ahora como bodegones escultóricos, se crean a partir de motivos puntuales en la mayoría de los casos tomados de los cuadros o sacados de fragmentos rescatados de un inconsciente profundo, un trasvase de imágenes abordadas desde el intimismo y la rememoración personal que permite un diálogo constante entre unos elementos y otros. Es pertinente reseñar a este respecto que un autor que interesa mucho a Leal en cuestiones vinculadas con esta materia es Francisco de Zurbarán, especialmente en lo concerniente a los utensilios de loza que protagonizan o complementan algunos de sus lienzos más afamados, entre ellos su Naturaleza muerta con cacharros del Museo del Prado o San Hugo en el Refectorio, una tela concebida precisamente para el Monasterio de Santa María de las Cuevas en el siglo XVII. En este cuadro el bodegón aparece como elemento secundario e incluido dentro de un retrato de grupo, un encuentro entre géneros que atrae al artista por el singular modo en el que se entrecruzan dos categorías supuestamente desconectadas.

Centro Andaluz de Arte Contemporáneo

onasterio de la Cartuja de Santa María de Las Cuevas

Avda. Américo Vespucio, 2

Camino de los Descubrimientos, s/n. 41092 Sevilla