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Análisis: la cultura como derecho, como inversión o para apuntalar identidades

EL MUNDO 23/11/2010

La cultura mola. Acceso de todos a la cultura, promoción de la cultura, cultura como patrimonio de todos. Suena bien. Pero el rincón de los programas culturales en el que se guardan -o casi esconden- estos asuntos refleja intereses identitarios -o contrarios a éstos- y políticas más encaminadas al concepto ’industria cultural’ que a la propia cultura, pura y dura. Por eso algunos acuden al turismo cultural (el PP propone planes de promoción con hoteles, restaurantes y agencias de viajes) sin dedicarse demasiado a pensar con qué van a azuzarlo.

Desde ICV, que recuerda que cultura no es solo entretenimiento y la engloba dentro de su proyecto de Estado del Bienestar real como un derecho de primer orden, con el consecuente peso en su programa, hasta las 26 líneas en las que Ciutadans desgrana este tema, las variables son muchas pero, más que en ningún otro aspecto, tan poco concretas que permiten múltiples lecturas tras el 28N. Según convenga.

La cultura cuesta. Políticas de subvención

¿Por qué hay que gastar dinero público en cultura en plena crisis? Para algunos es una inversión. En esa línea juegan PP, CiU y el PSC. Los populares proponen sustituir las ayudas por préstamos reembolsables en base a los ingresos netos; CiU quiere que el ICIC (Institut Català de les Indústries Culturals) y el ICF (Institut Català de Finances) trabajen juntos para que las ayudas-préstamo “vuelvan” a la sociedad y el PSC, que concreta poco, también habla de crear más instrumentos de financiación a través de este organismo y de mejorar los incentivos fiscales para atraer más recursos privados.

CiU y PP van un paso más allá y reclaman la “profesionalización” de los gestores de los espacios culturales de referencia, lo que para el PP supone un sistema de concurrencia por méritos y, para CiU, una transformación “desde el punto de vista industrial” para generar “un auténtico negocio de la producción cultural”.

Como el PP, Ciutadans vuelve a girar la tuerca de la lengua y reclama que las subvenciones no se otorguen por criterios lingüísticos sino por calidad. Y reclama transparencia en el proceso. En ese aspecto coincide con ICV, que recuerda que se ha abusado de las ayudas ’a dedo’ y quiere que las subvenciones y su proceso estén colgadas en Internet a libre disposición del ciudadano que quiera saber en qué se gasta su dinero.

Los ecosocialistas son el paradigma del otro juego, el antagónico al criterio casi empresarial que propugnan PP, CiU y el PSC. Para el partido liderado por Joan Herrera, la crisis es una oportunidad para la cultura, motor de un cambio de modelo que genera ocupación y crea nuevas maneras de entender el mundo. Para eso, reclaman menos inversión en piedra -con recorte drástico de las partidas destinadas al patrimonio eclesiástico– y más en contenidos.

Para ERC, la viabilidad del arte debe depender cada vez más de los ingresos y menos de las subvenciones. Por eso, enfocan su política en pasar de los 3,5 millones de entradas vendidas en 2009 a cuatro millones al fin de la legislatura. Pero, en cuestión de cifras, PP, ERC e ICV no están tan alejados: los tres piden que el 2% del presupuesto se dedique a estos fines (actualmente está en el 1%). Y los republicanos tienen algo que añadir: prometen realizar un estudio sobre las consecuencias del déficit fiscal de Cataluña en el ámbito de la cultura y darle máxima difusión.

La cultura hace país

El discurso sobre cultura de CiU no engaña: “Trabajaremos para dotar de sentimiento identitario a todos los ciudadanos de Cataluña”. El plan es universalizar un “nacionalismo democrático, cosmopolita y cívico” y, para montarlo, la cultura aquí es instrumento. También en el ideario de ERC, donde se convierte en una pata del proceso de construcción nacional. Los medios para seguir esa vía pasan por potenciar las tradiciones catalanas (CiU e ICV proponen la creación del Museu Casteller) y establecer proyectos conjuntos con otras zonas de habla catalana. En esa línea, el partido de Joan Puigcercós insta a los ayuntamientos valencianos a que se sumen al Institut Ramon Llull (IRL) para ver si así, con el tiempo, la Generalitat Valenciana hace lo propio. ICV amplía esos proyectos comunes a creadores de España y Portugal, además de poner énfasis en el eje euromediterráneo.

Para el PP y Ciutadans, que rechazan de lleno la política cultural de ’fer pais’, el camino pasa por fomentar valores compartidos con España. El ejemplo más claro: los toros, prohibidos en el Parlament en julio. Los populares quieren darle carácter de fiesta de interés cultural, como hizo Esperanza Aguirre en Madrid. El PSC, que sigue tirando también en esto de su nueva política de no-confrontación, destaca la difusión de tradiciones mix: con valores heredados de ambas culturas. Léase, por ejemplo, rumba catalana.

El cine, el catalán y los medios de comunicación

La Ley del Cine, que impone un 50% de las películas en cartelera en catalán -con excepciones-, divide a los partidos sin sorpresas: el PP quiere eliminar las cuotas, ICV desplegarla con un presupuesto de 60 millones de euros para 2011, CiU garantizar una oferta en igualdad de condiciones para el cine doblado en catalán y ERC su plena aplicación, cumpliendo a rajatabla las medidas lingüísticas y fomentando las ayudas a distribuidores y exhibidores catalanes. Todos coinciden en apostar por la digitalización de las salas.

De grande a pequeña pantalla. En cuanto a política de medios, CiU y el PSC reclaman que las producciones extranjeras se emitan en versión original en las televisiones públicas. Bien. En TV3 ya se hace. Y tanto los republicanos como los ecosocialistas promulgan que se mantenga el sistema de financiación mixto de los medios públicos, con espacio para la publicidad.

Pero sus discursos sobre medios de comunicación difieren y, mientras Herrera insiste en hacer cumplir los derechos laborales de los periodistas y, en especial, del personal más sensible de televisiones, radios y otros medios como los becarios, Puigcer?os recalca que hay que mantener las subvenciones a los medios en catalán. Para el PSC, esas ayudas deberían estar vinculadas a planes de viabilidad.

Exceptuando a PP y Ciutadans, todos dejan un hueco en sus programas para reclamar más peso para el centro de producción de RTVE en Sant Cugat y Ràdio 4. ICV pide que La 2 se gestione íntegramente desde Cataluña y ERC que, aprovechando la amplitud de canales que permite la TDT, que RTVE incluya un canal en catalán de ámbito estatal.

Arte y obras en litigio

Temas polémicos inamovibles: ICV, ERC y CiU exigen el retorno inmediato de los papeles de Salamanca que quedan por llegar a Cataluña y la permanencia del arte sacro de la Franja en Cataluña. El PP, por su parte, promete un museo permanente sobre la Historia del castillo de Montjuïc. Y si, ya metidos en faena, el PP reclama una partida anual del presupuesto destinada a la adquisición de obras de arte, ICV la concreta en dos millones de euros. A la hora de montar las exposiciones, Alicia Sánchez-Camacho prefiere que se estructuren por calidad y no por territorio, pero CiU elige potenciar un espacio para el mejor arte catalán del siglo XX. Para las salas de arte, además, los convergentes proponen formalizar e impulsar la figura del “voluntario” artístico aprovechando el tirón asociacionista de Cataluña.

ICV, CiU e ICV coinciden en darle un empujón al cómic y los republicanos, en consonancia con los ecosocialistas, proponen dedicarle un museo en la antigua fábrica CACI de Barcelona. El partido de Puigcercós, que dedica un apartado extenso al cuidado de los valores de la moda catalana, añade una reclamación, una vez más, hacia el gobierno español: “Que el Estado deposite en museos de Cataluña las obras de arte de artistas catalanes obtenidas como intercambio del pago de impuestos”.

Libros y música. De nuevo la lengua

Más y mejores bibliotecas. Todos de acuerdo. Ciutadans, incluso, propone que haya una que tenga sedes en el metro y los ferrocarriles. En cuanto a las ayudas a la edición, siguen pasando por la lengua: CiU pone el foco en las librerías, ICV pide que se desvíe la subvención hacia obras infantiles, clásicos, poesía o ensayo y ERC se pone un objetivo: que la mitad de los ejemplares que se vendan estén escritos en catalán. Para conseguir su objetivo plantea, por ejemplo, asegurar una lugar privilegiado en tiendas situadas en espacios que la Generalitat gestione o participe, como aeropuertos o estaciones.

En cuanto a la música, para los republicanos, el discurso es casi calcado. En este caso, propone llegar a acuerdos con empresas e instituciones para que lo que suene en sus hilos musicales lo haga en catalán, ya sea en el tono de espera del teléfono o en la música de ambiente de un centro comercial. Además, reclama que el CAC haga cumplir las cuotas que las radios deben disponer para música en esta lengua. CiU, por su parte, promete legislar para reconocer profesiones de la industria musical como los agentes, managers o productores. El PP quiere realizar un censo de locales y circuitos que potencie la música en vivo y pone como ejemplos orquestas, bandas y agrupaciones corales. Herrera, por su parte, insiste: quiere que se rebaje el IVA de los productos y servicios culturales al 4%.