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Espacio Líquido | La selva no era un lugar: era un ser | Día Muñoz y Job Sánchez

Día Muñoz / Escuela de Luca / 150 x 150 x 20 cm / Vidrio soplado bañado en nitrato de plata con contrachapado de abedul.

Espacio Líquido anuncia la inauguración de la exposición “La selva no era un lugar; era un ser” de Día Muñoz y Job Sánchez.

Comisaria: Yaiza González.

La artista Día Muñoz expone en la Galería Espacio Liquido gracias a la colaboración con la Galería Ponce y Robles.

Inauguración: jueves 3 de julio a las 19:00 horas.

Job Sánchez / Sin título 3 (de la serie Seashells and Matchboxes), 2025 / 19 x 13 cm / Lápices de colores sobre papel con imprimación

En la exposición "La selva no era un lugar: era un ser" se establece un diálogo entre las obras de Día Muñoz (Guayaquil, 1989) y Job Sánchez (A Coruña, 1979). Y pese a que sus trabajos disten formalmente, ambos desean repensar propuestas en este nuevo relato-mundo que venimos comentando, al mismo tiempo que se interesan por generar relaciones interconectadas y reflexionar sobre un nuevo lenguaje del que partir para fabular. En el caso de Muñoz entre la tecnología y la naturaleza y en el caso de Sánchez entre la forma y el espacio.

En las obras de Día Muñoz, la materia se vuelve narradora de un tiempo anterior a toda historia humana, un tiempo abismal, donde lo vivo emergía desde condiciones volcánicas, donde se crea LUCA —el Last Universal Common Ancestor— no como un fósil perdido, sino como un cuerpo vibrante aún presente en lo que somos y coexistimos. A través de formas que se derriten, se funden y se entrelazan, las esculturas evocan la energía primordial de los organismos primigenios. Son criaturas liminales, hechas de cristal, de madera, de humedad y calor y que recuerdan que la vida no comienza en el centro, sino en los bordes, en lo que hierve, en lo que no se ve. Las obras no sólo representan este origen, sino que lo reviven como posibilidad futura, como un modo de imaginarnuevas alianzas entre especies, materiales y temporalidades. En esta línea, Muñoz propone un vínculo entre lo biológico y lo tecnológico que no se basa en la oposición, sino en la fusión y la simbiosis. Sus obras no sólo nos remiten a un pasado, sino que nos colocan en un presente especulativo donde lo orgánico y lo artificial ya no pueden distinguirse claramente. El uso de materiales como el vidrio soplado o la madera, junto con formas que sugieren lo larval, lo líquido o lo transicional, configuran un imaginario que desestabiliza la idea de una identidad fija y celebra la mutación como forma de conocimiento.

Por su parte, las obras de Job Sánchez, partir de un lenguaje compartido —formas reconocibles de lo cotidiano— se convierte en una estrategia para subvertir lo familiar y abrir la percepción hacia realidades posibles. Fragmentos que evocan estructuras arquitectónicas, piezas técnicas o elementos gráficos se ensamblan entre sí como entidades conectivas, organismos en proceso, que no se cierran en sí mismos sino que permanecen abiertos al cambio y la reconfiguración. Cada forma contiene en sí la posibilidad de devenir otra, activando una lógica de multiplicidad relacional. Más que narrar, sus composiciones traman vínculos, funcionan como sistemas vivos donde lo formal, lo espacial y lo simbólico se entrelazan.

Jacobo Olañeta 5, bajo. Gijón, Asturias.

www.espacioliquido.net