Exposición "Huellas" de Rafael Canogar, comisariada por Jesús Cámara | Espacio de Cultura Contemporánea ECCO de Cádiz
Acto de inauguración de la exposición "Huellas" de Rafael Canogar en el ECCO.
Jesús Cámara es el comisario de la exposición “Huellas” de Rafael Canogar en el ECCO (Espacio de Cultura Contemporánea) dependiente de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Cádiz y que ha contado con el patrocinio de Unicaja.
"Huellas" convoca a los visitantes a una reflexión introspectiva sobre la interacción entre la luz, el color y la materia. La propuesta de Canogar se aleja de las formas tradicionales, centrándose en un lenguaje artístico que desafía las nociones convencionales de representación.
Escribe Cámara en el catálogo: Es la tercera muestra que comisarío con este título. La primera fue en marzo de 2023 en el Centro MIRA de Pozuelo de Alarcón y en 2024 en las salas de exposiciones de Santa María La Rica de Alcalá de Henares. En la ocasión que ahora nos ocupa, de una treintena de obras, sólo ocho repiten y lo más destacable es que por primera vez sale del estudio y se presenta al público el óleo sobre metacrilato de 200 x 640 cm, Tapial, de 2019. Es una oportunidad singular de contemplar esta monumental obra. Una verdadera deferencia del artista con la ciudad de Cádiz […] Gran parte de las obras de esta exposición tienen como soporte el metacrilato o el policarbonato. El aporte de los nuevos materiales es algo consustancial en la obra de Canogar. Ya en los años setenta experimentó con resinas en esas esculturas que se integraban, o más bien emergían de sus pinturas. En esta nueva etapa abstracta, probó también con la pintura sobre dibond, pero pronto descubrió el juego artístico del metacrilato, que el aluminio no puede ofrecer. Canogar convierte la transparencia en materia misma del cuadro.
Con estos polímeros el artista descubre el dominio de los 360 grados en la bidimensionalidad del formato tradicional del cuadro, al alto por ancho de siempre, se une, en el mismo acto el delante y detrás, y todo se integra en un algo único y nuevo en apariencias y textura. Por detrás no sólo asoma, sino que reina el óleo, imponiendo la templanza, la mesura del color plano, no necesariamente uniforme, en esa otra vez la mano del hombre siempre presente. Burbujillas, grumos, motas, pequeños vacíos o gotas fuera de sitio, hablan más que dicen, del no ceder a la perfección si es a costa de la expresión, rasgo determinante de la personalidad artística de Canogar. Por delante, el acrílico, donde se centra el gesto, que a veces se convierte en trallazo. Es el campo del surco, la materia, la expresión. Canogar trasciende la pintura de acción; hace activo el espacio vacío entre los dos lados del cuadro. Ambas caras no forman una capa pegada al polímero sino que lo impregnan, casi como la tinta entra en el papel. Hablamos de pintura, pintura; de pintura total. En un ejercicio de prestidigitación pictórica, ha conseguido mostrarnos cara y cruz del cuadro en una única vista de múltiples perspectivas. No es un juego, ni una apuesta, que haga partícipe al azar o al ludismo. Pero todo ese Canogar, tan nuestro y tan suyo, nos deslumbra en el ejercicio constante del color. Es el color como juego, como reto, y como religión. La pintura es desde el principio, y ante todo pigmento; léase color, y a esa premisa que le viene de toda una vida dedicada a la pintura, consagra hoy su arte. Es el color como impacto, como emoción. El óleo frecuentemente se presenta en dos planos de color, contrastados, o complementarios, pero siempre en combinación armónica y elegante. Los separa una línea imposible del horizonte que el acrílico rompe, rasgándose, descomponiendo los colores del fondo en cientos de otros tonos y matices, que los diferencia uniéndolos, en una transición frecuentemente violenta, y siempre rica en emoción visual. La bicromía es referencia a la constante dualidad que acosa al hombre: el norte y el sur, el pasado y el futuro, el cielo y la tierra, el bien y el mal. La franja central anula la dualidad, calla al maniqueísmo, mitiga el contraste. Cabría pensar que nos recuerda que nada es bueno ni malo; que del blanco al negro, no solo hay una infinitud de grises, sino que cabe todo el espectro cromático, y que sin la tierra, el cielo no sería cielo. En ocasiones, la bicromía no es tal, un tercer color es invitado al ejercicio alquímico de la luz, aportando su diferencia, cobrando protagonismo, cuerpo y fuerza su diversidad. En las obras más recientes a la apertura de esta exposición el negro, ese negro absoluto, tan difícil de percibir por el ojo humano como de conseguir por el artista, ocupa todo el fondo, y la franja se convierte más que nunca en llamada a la sensibilidad del espectador. Lo gestual se transforma en grito, en reflexión, en paradigma ético y estético. Así sucede en Viento (2023) que pudimos contemplar en las exposiciones “Huellas” que comisarié ese mismo año en el Centro MIRA de Pozuelo de Alarcón y en 2024 en Santa María de la Rica de Alcalá de Henares y que posteriormente formó parte de [I] Realidades (obras 1949-2024) en CentroCentro, Madrid, en 2025.
La indudable estrella de esta exposición es Tapial (2019), una obra de dimensiones extraordinarias –200 x 640 cm– realizada en óleo sobre metacrilato. Se presenta ahora por primera vez fuera del estudio del artista y, por tanto, ante el público en Cádiz. […] Desde el primer momento la pieza impone una experiencia envolvente y física. El gran formato horizontal, articulado en varios módulos, constituye una presencia casi arquitectónica: más que contemplarse, la pintura se recorre con la mirada, como si el espectador transitara ante una superficie viva. El título, Tapial, estoy convencido, remite a la técnica constructiva tradicional basada en tierra compactada, como una suerte de pared levantada por capas con las manos del hombre como herramienta. Esa evocación se traduce plásticamente en un plano atravesado por densas verticalidades, por arrastres y derrames que parecen decantar el color desde lo alto hacia lo profundo. La pintura cae, se acumula y se detiene, dejando rastros que recuerdan tanto vetas minerales como huellas orgánicas […] la serie Memoria (2025), en acrílico sobre policarbonato, proponr una escala más íntima: capas y transparencia que condensan una vida dedocada al arte, ala búsqueda de la BELLEZA. En los novísimos óleos Oráculo y Soplo (2026), la pintura se abre a lo esencial.
En conjunto, “Huellas” muestra un artista que continúa interrogrando la pintura como territorio de descubrimiento. Cada obra es afirmación de su vigencia y legado: la impronta de toda una vida dedicada a crear.
Hasta el 28 de junio de 2026.
Espacio de Cultura Contemporánea (ECCO). Paseo de Carlos III, 5. Cádiz.