Marie-France Veyrat | Tornada a l’origen: la vinculació del teixit a l’art digital | Centre de Lectura de Reus
El jueves 26 de febrero, a las 20:00h., en la sala Fortuny del Centre de Lectura de Reus, inauguración de la exposición "Tornada a l’origen: La vinculació del teixit a l’art digital" de Marie-France Veyrat.
Comisariada por Aureli Ruiz.
Texto: Jaime De Los Ríos.
El proyecto "Urbetrònica" nace en el momento cuando Marie-France Veyrat pretende transformar el hilo físico en códigos de programación. Es el resultado de un único proyecto atemporal que busca interactuar entre lo tangible y lo virtual.
Explora la convergencia entre la artesanía ancestral del tapiz y las posibilidades generativas del arte tecnológico. Quiere recordar que el acto de tejer es el origen de la informática, del arte y de la ciencia; resaltando que fue una mujer la primera programadora de computadoras de la historia, en el siglo XIX.
Marie-France en esta exposición muestra la evolución de su trayectoria, pasando del arte textil y de las piezas físicas recicladas a la reconstrucción de un espacio digital tridimensional.
MEMORIAS DEL FUTURO
La obra de Marie-France Veyrat se ha caracterizado, desde sus primeras manifestaciones, por una atemporalidad estructural y una vocación de universalidad que desborda cualquier adscripción territorial, histórica o cultural. Sus figuras no se inscriben en una geografía reconocible ni en una cronología estable: emergen como entidades transversales, casi extra dimensionales, que parecen articular un lenguaje común entre mundos posibles. En ellas se manifiesta una intuición radical: la de un arte que no se produce en el tiempo, sino que lo precede; un arte que antecede a su propia formalización y se activa a través de una de las tecnologías más antiguas y, paradójicamente, más avanzadas de esta dimensión: el entrelazamiento de la tela y el tejido.
Esta lógica material —el textil entendido como sistema— no opera aquí como superficie ni como soporte, sino como infraestructura epistemológica. Tejer no es ornamentar, sino codificar; enlazar no es unir, sino computar. En la práctica de Veyrat, el textil se revela como una tecnología de pensamiento, un dispositivo proto-algorítmico que anticipa los principios fundamentales de la computación contemporánea. La obra establece así una continuidad no lineal entre el telar y el circuito, entre la trama y la pantalla, desmontando el relato progresivo de la historia técnica para proponer una temporalidad plegada, donde el origen y el futuro colapsan en un mismo gesto operativo.
Las piezas se presentan como vestigios activos o emisarios de una inteligencia latente. No son reliquias del pasado, sino artefactos orientados hacia el porvenir, portadores de una memoria que no remite a lo ya acontecido, sino a lo que aún no ha tenido lugar. Esta condición puede pensarse como una forma de Vorerinnerung —un pre-recuerdo—: la perturbadora capacidad de recordar aquello que todavía no ha ocurrido, como si el futuro hubiese dejado ya una huella mnémica en el presente. En resonancia con la ontología temporal de Martin Heidegger, el tiempo se articula aquí desde la futuridad, no como horizonte lejano, sino como fuerza estructurante del ser.
Veinticinco años después de los primeros ejercicios de Marie France sobre Urbetrònica en técnica digital y a su vez de los albores del nuevo milenio, estas formas líquidas activan dimensiones adicionales de la experiencia. No ocupan el espacio: lo pliegan, lo densifican, lo someten a una presión temporal que hace visibles capas normalmente imperceptibles. Su lenguaje es radicalmente autorreferencial; las obras no representan, sino que enuncian su propia existencia. Se manifiestan como señales, como intentos de contacto, emergiendo tras largas eras de latencia en un umbral de singularidad tecnológica para el que han aguardado pacientemente hasta acabar en el gran monolito urbetrónico y ciudad que flota en el espacio.
La instalación se inscribe con claridad en la investigación escultórica de Veyrat en torno a la forma totémica y el volumen brutalista. El tótem aparece aquí no como símbolo, sino como estructura primaria: un cuerpo vertical de condensación material, memoria y energía. El espacio no se organiza de manera cronológica, sino ontológica. Los elementos coexisten en una dimensión atemporal, donde pasado arcaico, presente técnico y futuro especulativo se superponen sin jerarquía, activando una experiencia corporal directa, casi ritual.
Desde el acceso al espacio, un gran tótem final que resulta de la convergencia en técnica y espacio entre tecnología textil, computación y visualización digital, articula el conjunto como eje de gravedad. Al adentrarse, el espectador atraviesa una serie de composiciones híbridas que funcionan como núcleos de resonancia: volúmenes que no almacenan recuerdos del pasado, sino formas de conocimiento en tránsito. Como en las investigaciones escultóricas de Jorge Oteiza sobre el vacío y la estatua megalítica, el volumen no se entiende aquí como masa cerrada, sino como contenedor activo, una arquitectura mínima preparada para alojar y proyectar aquello que aún no ha sucedido: nuestras memorias del futuro.
Jaime De Los Ríos.
Del 26 de febrero hasta el 4 de abril de 2026.
Horario: De lunes a viernes de 17 a 21h. Sábado de 10 a 13:30h.