Tres Mujeres [desmontando a Robert Musil] | Comisario, José Tono Martínez | Noni Benegas/Verónica Jaffé/Ana Pérez Pereda
La idea de este encuentro sobre poesía, arte y memoria, en la madrileña Cafebrería Ad Hoc que dirige Lola Vivas, parte de una relectura de un libro de la etapa intermedia del escritor austriaco Robert Musil, Tres Mujeres, publicado entre Las tribulaciones del estudiante Törless (1906; Esp. 1969) y la saga magistral que es, para quien esto firma, El Hombre sin atributos (1942; Esp. 1970). Allí, por boca de Ulrich, en sus diálogo con Diotima, organizadora de la extraña conmemoración que es la Acción Paralela del Estado de Kakania (remedo del antiguo Imperio Austro-Húngaro), se nos dice «la verdad no es, claro está, ningún cristal que se puede meter en el bolsillo, sino un líquido ilimitado en el que uno cae». ¿Anticipo de Zigmunt Bauman?
El líquido ilimitado de Tres Mujeres, que, en su época suscitó una mezcla de pasmo, y hasta escándalo, por la libertad con la que se abordaba la psicología y la sexualidad de las protagonistas de esos relatos, presenta tres tipologías de mujer que esperan, es decir, que su accionar vital y narrativo se pone en marcha una vez que aparecen en escena caballeros, jóvenes señoros burgueses, que representan el mundo de la acción y el cambio. Grigia, idílica labradora montañesa que “se deja llevar” al huerto, al henar, por un geólogo desencantado; La Portuguesa, enigmática y misteriosa dama, casada con Von Ketten, un excéntrico y aristócrata guerrero; y Tonka, pobre tendera que mantiene una relación con un joven estudiante, protector enamorado de su aparente simpleza.
Revisar y deconstruir estos modelos de dependencia, aureolados de romanticismo y hasta de magia, en el caso de La Portuguesa, nos permite convocar a Tres Mujeres de nuestro tiempo cuya obra representa indagaciones, valores y descripciones que desmontan, retuercen y dan la vuelta al élan vital que mueve a las protagonistas de Musil, que ahora pasan de ser sujeto/objeto paciente a sujeto actuante.
Los poetas acmeístas, los buscadores del apogeo, Ossip Mandelstam y Anna Ajmátova, a comienzos del siglo XX en Rusia exploraban una perturbación del sentido de las cosas, pero desde una cierta claridad formal, buscando la intelección del lector, llevándole lejos, pero sin incompresibles giros. Y pienso que estas artistas que hacen, es decir, poetas, hacedoras, en su etimología más clásica, reúnen en esta muestra un conjunto de vistas, interiores y exteriores, que nos dejan atisbar horizontes y diminutos espacios de la conciencia, en apariencia quietos, claros, comprensibles, para luego, en una segunda lectura, tratar de llevarnos lejos, con ellas, hacia eso que bien podrían ser paisajes del alma, que hubiera sido también un subtítulo complementario para esta muestra.
Ana Pérez Pereda
Ana Pérez Pereda
Ana Pérez Pereda, reflexiona en su última obra sobre un paisaje entrevisto desde la línea de un horizonte que redibuja el propio paisaje, anticipando y sugiriendo otros nuevos paisajes, a veces, en la carretera, paisajes intermedios que se crean y acotan mientras nos desplazamos, como en un sueño, en la duermevela. Para ciertos visionarios, las intuiciones más profundas se producen en esos estadios intermedios, entre el alba y el ocaso, entre la partida y el regreso, intuición que lleva a Ana, en ese caso, a desmontar literalmente el citado libro de Musil en un paisaje/secuencia/corrido de frases que exponen las vergüenzas de un tiempo que aquí se nos presenta como vindicación, como pasos perdidos que ahora nos reconducen/reorientan.
Verónica Jaffé
Verónica Jaffé
Verónica Jaffé reflexiona sobre los bosques blancos, y nos traduce el lenguaje de los bosques, el silencio sólo aparente de los paisajes misteriosos cubiertos por la nieve, ese inmaculado meteoro que desdibuja la formas para crear rumores plisados, conjuros desnudos sobre troncos reescritos, rehabitados, interpretados. Los bosques animados de VF, poblados de criaturas y seres extraños tienen una cierta condición feérica, y nos recuerdan ese principio del budismo Zen que trata de alcanzar lo simple desde lo sofisticado, como sofisticada era la Sei Shônagon que en su Libro de la Almohada nos habla de aquellos que competían por escribir un poema que describiera el efecto de la primera nieve caída.
Noni Benegas
Noni Benegas
Noni Benegas se remonta a los paisajes no verbales, a los paisajes interiores que se producen a modo de eco, antes de presentarse ante nosotros, en su materialidad. Son paisajes surrealistas, de alucinadas formas, seísmos íntimos, pues, ¿cómo puede el eco darse antes que la voz que lo señala, anota y determina? NB nos invita a experimentar un paisaje sonoro de ausencias, pero que no está vacío, un paisaje anterior a la palabra pronunciada, un paisaje interior primigenio, que en el origen tal vez busca la unión de los opuestos, la androginia del dios o diosa que a sí mismo se desconoce, porque no se ha pronunciado: el “pájaro solitario en su cumbre” que pugna hoy por hacerse, entre re/velados pulsos, sujeto de su propia historia.
© César Màlet
La cubierta de la exposición rinde homenaje al fotógrafo de la gauche divine barcelonesa César Màlet, pues evoca en su factura la fotografía que él concibió para ilustrar en Seix Barral la primera traducción al castellano de Tres Mujeres, en 1965-68, uno de cuyos relatos fue traducido por Mario Benedetti. Por último, he de decir que, evocando a la Shônagon, un tokonoma o espacio del vacío recoge algunos símbolos alusivos al proceso de creación de nuestras Tres Mujeres emplazadas.
José Tono Martínez, comisario.
Tokonoma. VV.AA.
24 de enero - 14 de marzo de 2026.
C/ Buen Suceso 14, 28008 Madrid.