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Juan González de Riancho. Emilio González Sainz en la Galería Siboney: Paisaje con rocas y árboles

Hasta el 5 de octubre de 2011.

La obra de Emilio González Sainz, (Torrelavega, 1961) premiada y proyectada con profusión por galerías y ferias, regresa a Santander en la reanudación de la temporada expositiva de Siboney. A partir del próximo viernes, día 2 de septiembre, podrá visitarse la nueva muestra del pintor cántabro tras su regreso de Irlanda, y de disfrutar de una beca en la Ballinglen Arts Foundation, en la ciudad de Ballycastle.

La galería Siboney, que ha seguido los pasos y el crecimiento como artista de González Sainz, exhibirá su último paseo sutil y delicado por obras de pequeño y mediano formato. Entre gabinetes íntimos, turbadores paisajes, habitados por pequeñas figuras, y una paleta sin estridencias, testigo cómplice del ciclo de la vida, el pintor aporta su delicado universo que apela a reconciliarse con la naturaleza.

Se trata de la obra de un verdadero francotirador del paisaje, un artista que ha forjado con paciencia, silencio y minuciosa caligrafía una personalidad pictórica que invita a redescubrir el entorno. Sus paisajes son iconos poéticos que forman parte de la pintura cántabra más reconocible de los últimos años.

Como diría Jesús Marchamalo en su blog: “Siempre me han gustado sus paisajes, llenos de árboles y acantilados. Gaviotas, cielos nubosos, y ese mar plácido a veces, y otras hosco, cruzado de barcos con las velas desplegadas. Un escenario de solitarios melancólicos: escaladores y paseantes decimonónicos, de catalejo y levita, melena al viento, botines y bastón. Lagos y caminantes, tocones y pinares, casas con chimenea y un azul con nombre y apellidos. Tal vez Prusia o Windsor; verde oliva y Perylene, o gris de Payne, que es el mismo color, exactamente, que el de los atardeceres en el Norte”.

La obra reciente, -firmada la mayoría en el presente 2011- son óleos y acuarelas, sus territorios habituales, aunque con la novedad de que una parte importante de sus pinturas al óleo, en esta ocasión están pintados sobre cobre y latón, que sustituye en las piezas de pequeño formato al tradicional lienzo. Son obras con las que el artista vinculado a la galería Siboney desde sus comienzos, testimonia su devoción por la naturaleza, o esa visión idealizada del que se siente «abrumado por lo que le rodea». Sus personajes, entre el cielo y la tierra, solitarios y náufragos, ahora subrayados simbólicamente como ’vagabundos’, vertebran su poética del paisaje. Composiciones equilibradas y diáfanas, muy personales, plasmadas de manera frecuente en paisajes solitarios, húmedos, norteños, espacios rurales con personajes anónimos, animales, arquitecturas.... El crítico y ex director del Reina Sofía, Juan Manuel Bonet, o el pintor Antonio López han elogiado la obra del pintor afincado en Casar de Periedo.

El propio artista, cuya trayectoria se ha asomado a espacios nacionales de Madrid, Sevilla, Barcelona, Orense y Bilbao, gusta hablar de «carisma unitario, coherencia, atmósfera y unidad de estilo», heredero del romanticismo y de muchos pintores del XVIII y XIX. A través de distancias cortas, estancias íntimas, o escenarios abiertos, el imaginario del pintor crece en cada búsqueda. Lo dijo Antonio López a propósito del citado galardón nacional, la suya es «una pintura maravillosamente realizada; un resumen de muchos siglos de arte occidental, que, a su vez, contiene un sentimiento contemporáneo».

Emilio González Sainz, es sin duda uno de los creadores cántabros con mayor proyección nacional y reconocimiento. Ha obtenido en el mismo año, dos de los grandes premios nacionales de pintura: ’Focus-Abengoa 2009’, y el VI Certamen Nacional de Pintura Parlamento de La Rioja 2009. En ambos casos el jurado ha destacado la «densidad poética de un lenguaje visual rico en matices y referencias sutiles», así como «la coherencia» en la trayectoria del artista cántabro.

Como explica muy bien el profesor Javier San Martín, -quien le ha escrito varios textos para sus catálogos- , “EGS vive una vida desdoblada entre sus paseos y su frecuentación de libros, mapas y relatos. Desdoblada y fluida, pues parece ver los acantilados con los ojos de Friedrich, pero también, cuando mira cuadros, pareciera como si caminara por ellos, aspirando aromas y sonidos. Una vida en la pintura. Pero quizás hay algo que matizar: en primer lugar, Emilio González Sainz no es un pintor citacionista al uso, no es un artista que se nutre de La Pintura como una casa que ofrece el cobijo de la tradición y el calor de su prestigio. O, en todo caso, no lo hace principalmente en ese sentido. Emilio cita y frecuenta sólo un tipo de imágenes que realimentan lo que ya lleva en su interior. Lo emplea como activación, como excitación serena de algo que ya le pertenece. Es selectivo y exaltado, humilde y fanático.”

Galería Siboney

Castelar, 7

Santander