Galería Fernando Pradilla | Más que vivir | José Ramón Amondarain | Hasta el sábado 17 de octubre
Últimos días de la exposición "Más que vivir" de José Ramón Amondarain en la Galeria Fernando Pradilla.
Hasta el sábado 17 de octubre.
(...) Podríamos pensar la pintura como un material inteligente, desprovisto de conciencia, pero capaz de tener una experiencia del mundo sin necesidad de autorrelexión. La pintura no piensa como un sujeto, pero insiste, recuerda y responde. Un material activo , dotado de historia, agencia y capacidad de pensamiento propio que permite imaginar que las formas no se originan únicamente en el presente, sino que emergen de campos de memoria que atraviesan tiempo y espacio. De este modo la pintura sobreviviría gracias a un tipo de inteligencia propia del material, de sus capacidades y los pintores podrían ser una especie de herramienta que a menudo se encuentra en una rueda de hámster debido a una atención sostenida, propia de una conciencia inmersa en la inercia.
La pintura opera como un dispositivo de desestabilización de las certezas previas, no tanto por lo que produce como por aquello que en ella persiste. Su potencia no reside en el resultado final, sino en el resto que sobrevive a la intención, allí donde el material pictórico no se somete a una lógica individual, sino que responde a una voluntad transpersonal. Esta voluntad no se expresa a través de la pintora o el pintor, sino que se actualiza en ella , entendido como un lugar de inscripción y de actuación. En este sentido, la pintora o el pintor no se define por el acto de pintar en sí mismo, sino por el marco de pensamiento que sostiene su práctica. Reconocer que el pensamiento no es autónomo ni originario, sino una posibilidad entre otras, implica asumir una responsabilidad y todo deseo de vínculo —con la materia, la tradición o el otro— comporta necesariamente responsabilidad.
Las obras del proyecto Más que vivir, se despliegan como una coreografía en la que el espectador pueda transitar entre distintas distancias focales. Como observamos en Tiziano, nuestra visión suele apoyarse en la retina periférica captando la imprecisión, porque no podemos representar el mundo en su totalidad. La visión periférica no busca lanitidez, sino una percepción amplia y difusa, donde lo visible se sostiene en la indeterminación. Al acercarnos a la obra, casi rozando la superficie, la mirada se concentra y activa la fóvea, esa pequeña zona de la retina donde alcanza su máxima definición. Esta focalización crea fragmentos de atención, pequeños focos que nos permiten explorar el primer plano, y al mismo tiempo nos transporta a la dimensión de las vistas aéreas o a un levantamiento topográfico, ofreciendo sin duda alguna, una alta definición de la propia realidad.
José Ramón Amondarain. 2026.
Claudio Coello, 20. Madrid 28001.